Diccionario enciclopédico de psicoanálisis de la API

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intentan comprender, responder, gestionar e integrar grandes conflictos, experiencias y relaciones personales. Más adelante, Abend (1990) amplía todavía más este concepto al añadir que las fantasías inconscientes “pueden funcionar para alterar y disfrazar otras fantasías, así como para proporcionar satisfacción” (Abend, 1990, p. 61). Las narraciones de las fantasías inconscientes subsisten durante todo el desarrollo, a pesar de que sus manifestaciones experimentan numerosas transformaciones que, a su vez, dan lugar a diferentes “ediciones”, correspondientes a las distintas fases del desarrollo. Las fantasías inconscientes forman los rasgos de nuestro carácter, determinan nuestro comportamiento, nuestras actitudes, producen nuestros síntomas y se hallan en el corazón de nuestros intereses profesionales y nuestras relaciones amorosas. En la situación psicoanalítica, las fantasías inconscientes son la causa de todas las actitudes y actividades de transferencia. Mientras que tales fantasías inconscientes son modificables y van madurando a medida que la persona busca nuevas soluciones más efectivas de forma inconsciente, sus orígenes siguen siendo arcaicos y obsesivos y, como tales, siguen ejerciendo un rol dinámico sobre la experiencia. Por lo tanto, la transferencia inconsciente puede entenderse como una actividad que posee tanto aspectos estructurales como procedurales. Arlow y Richards afirman que los deseos inaceptables de la infancia “pueden desarrollase en forma de fantasías inconscientes persistentes, y ejercer una estimulación continua sobre la mente” (1991: 309), lo que acaba causando una serie de formaciones pactadas que van desde la adaptabilidad hasta la inadaptabilidad. Leo Rangell afirmó que el área de interés del psicoanálisis era el conflicto intrapsíquico inconsciente (Rangell, 1967). Él trazó doce pasos secuenciales en la aparición del conflicto inconsciente (Rangell, 1969a), que iban desde el inicio del estímulo hasta el resultado psíquico final. Rangell (1969b, 1971) se centró en la facultad de toma de decisiones inconscientes del yo en un contexto en el que reina un proceso intrapsíquico omnipresente. Gracias a esta facultad, el individuo elige inconscientemente si debe o no establecer una defensa para minimizar la angustia que le produce el peligro. Con el tiempo, estas decisiones inconscientes se incorporan a los rasgos del carácter, los cuales son más duraderos, y se transforman en expectativas obsesivas del individuo. En la secuencia de los doce pasos del proceso intrapsíquico, Rangell también plantea una “teoría de la angustia” que conecta la primera teoría de la angustia del modelo topográfico con la teoría de la señal de angustia del modelo estructural, a través de la transformación de la angustia traumática (experiencia pasiva del yo) en una señal de angustia que anticipa el peligro . A raíz de la obra de Freud, “Introducción al narcicismo” (1914) – precursora de su teoría estructural y la teoría de las relaciones objetales –, muchos psicoanalistas freudianos contemporáneos tendieron a pensar las relaciones objetales como un elemento de las conceptualizaciones psicoanalíticas (Blum, 1998). Como las relaciones objetales se convirtieron en un tema de interés capital, se hicieron esfuerzos para integrar la psicología del yo o teoría estructural con las relaciones

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