Diccionario enciclopédico de psicoanálisis de la API

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ejemplo, la estructura psíquica de los instintos y el ello se originaba en la interacción del niño con su entorno (la madre) (Loewald, 1978). Esto guarda muchos parecidos con las anteriores formulaciones de Jacobson (1964). Estos teóricos entendían los instintos como un producto de la interacción . Hasta este punto, Loewald se mostraba en sincronía con analistas como Fenichel, Jacobson (1964), Mahler y Stone (1951); y en desacuerdo con analistas como Hartmann (1939), Loewenstein (1953) y Kris (1956a, b, c). Loewald, sin embargo, llevó esta reflexión un poco más lejos al afirmar que la interacción era el aspecto más crítico de la internalización de la representación subjetiva del yo y el otro. Esto le supuso un distanciamiento del sentido más materialista de la instancia psíquica, la defensa y los conflictos inter-/intrasistémicos. Por el contrario, se centró en la naturaleza de la interacción con el entorno (humano) valorando el rol que desempeña “en la formación, desarrollo e integridad del aparato psíquico” (1960, p. 221). Para Loewald, la interacción no es sólo una fuente pulsional (1960, 1971, 1978), sino que también se convierte en el elemento principal de los procesos inconscientes . Este énfasis en entender la interacción como un pilar básico de la mente guió la teoría del inconsciente de Loewald, quien también trabajó y modificó a fondo las características adaptativas y genéticas de la metapsicología de Freud, al mismo tiempo que abandonaba los modelos estructurales y topográficos. Loewald creía que “en el análisis […] tenemos la oportunidad de observar e investigar procesos de interacción primitivos y más avanzados, es decir, interacciones entre el paciente y el analista que conducen a, o provienen de, las integraciones y desintegraciones del yo” (1960, p. 17). Al igual que Winnicott (Reino Unido), Loewald y Jacobson (EE.UU.) pueden considerarse los precursores de la corriente intersubjetiva . A principios de los años setenta, analizar las experiencias del niño con otras personas de su entorno se había hecho indispensable para conceptualizar el desarrollo de la mente (Arlow & Brenner, 1964; Spitz, 1957; Mahler et al., 1975; Jacobson, 1964). Estas experiencias con los primeros objetos, con su debida gratificación o frustración de los deseos, influyen y moldean las funciones yoicas del desarrollo del niño (incluyendo la definición de sí mismo a través de las identificaciones), así como los cánones morales y éticos. En el encuadre psicoanalítico, estas primeras experiencias con otros forman el tejido de los deseos y miedos inconscientes que pueden producir un acting out , actos de transferencia o contratransferencia, enactments y violaciones de los límites del encuadre psicoanalítico (Lynch, Richards, Bachant, 1997). Durante los años sesenta y setenta, Arlow fue ampliando la noción freudiana de fantasía inconsciente . Mientras que Freud entendía que la fantasía inconsciente se derivaba del deseo inconsciente, Arlow lo entendía como un pacto que contiene todos los componentes del conflicto estructural (Papiasvili, 1995). Según esta versión ampliada, la fantasía inconsciente gestiona los deseos pulsionales, temores e impulsos autopunitivos provocados por los contratiempos del desarrollo. Cada individuo crea su propio conjunto de fantasías inconscientes. Estas reflejan conjuntos mentales que

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