Diccionario enciclopédico de psicoanálisis de la API

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angustia (que conduce a la resistencia) en esta etapa del desarrollo teórico se interpretaba como resultado de la represión: la angustia era un subproducto de la libido reprimida (excitación sexual). Esta teoría de la formación de síntomas tuvo implicaciones para la técnica. El objetivo principal del clínico psicoanalítico era liberar la libido llevando los deseos libidinales inconscientes a la conciencia. En el modelo topográfico temprano, las resistencias se consideraban una barrera inevitable que debía ser superada , aunque no en el mismo sentido que durante la fase hipnótica, cuando las resistencias eran completamente eludidas. En cambio, una vez que las resistencias eran llevadas a la conciencia, se requería que el psicoanalista utilizara diversos métodos (por ejemplo, destacar los beneficios de la salud, recurrir a la transferencia positiva, etc.) para reanudar el proceso asociativo libre. En “La interpretación de los sueños”, Freud (1900) describe la actitud de autoobservación como una que suprime la facultad crítica, lo que lleva a que innumerables ideas involuntarias emerjan a la conciencia, con lo cual “puede realizarse la interpretación tanto de las ideas patológicas como de las formaciones oníricas.” (ibid., p. 102 [123]). En su aplicación clínica, Freud afirma: “Entonces se le dice que el éxito del psicoanálisis depende de que tome nota de todo cuanto le pase por la cabeza y lo comunique, y que no se deje llevar, por ejemplo, a sofocar una ocurrencia por considerarla sin importancia o que no viene al caso, u otra por parecerle disparatada. Debe conducirse con sus ocurrencias de manera totalmente neutral…” (1900, p. 101 [122-123]; énfasis añadido). En “Psicopatología de la vida cotidiana”, Freud (1901) presenta numerosos ejemplos de cómo los procesos de asociación libre pueden conducir a los temas subyacentes de la sexualidad y la muerte, los cuales suelen ser rechazados por la represión. Al intentar ayudar a un amigo a encontrar las razones por las que había olvidado una palabra (y de este modo, encontrar la palabra misma), Freud introdujo el método de forma informal: “Sólo tengo que rogarle me comunique usted con sinceridad y sin crítica alguna todo cuanto se le ocurra dirigiendo usted, sin propósito definido, su atención sobre la palabra olvidada.” (1901, p. 9 [17]). Esta sería la misma instrucción que se daría a los pacientes durante el análisis. Al explorar otras dimensiones inconscientes de la “psicopatología de la vida cotidiana”, como los lapsus linguae , las afirmaciones contradictorias (conscientemente) no intencionales, el olvido de nombres de personas, lugares u objetos, etc., Freud explica las motivaciones detrás de estos fenómenos: “Bien se advierte cuánto se aproxima a las constelaciones de nuestros «análisis» esta decisión de tomar en cuenta las imágenes lingüísticas ‘vagantes’, situadas bajo el umbral de la conciencia, y el requisito de averiguar todo lo que pasó por la mente del hablante. También nosotros pesquisamos un material inconsciente.” (1901b, p. 58 [61]).

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