Diccionario enciclopédico de psicoanálisis de la API

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El paso de Freud de su primera a su segunda teoría de la angustia fue muy importante para el desarrollo de la psicología del yo. Para él, el yo activo genera una señal de angustia que responde a los peligros anticipados por las pulsiones sexuales o agresivas. La señal de angustia es una angustia traumática, arcaica y rudimentaria que ha sido transformada y reacciona ante los peligros relacionados con la pérdida de objeto, la pérdida del amor de objeto, la castración y la pérdida de la aceptación interna o el “amor por parte del superyó”. La señal de angustia desencadena defensas que nos alejan de los peligros que nos obstaculizan: “Para la concepción anterior era natural considerar a la libido de la moción pulsional reprimida como la fuente de la angustia; de acuerdo con la nueva, en cambio, más bien debía de ser el yo el responsable de esa angustia.” (Freud, 1926, p. 161; Freud, Obras completas vol. 20, 1925-1926, p. 151). El yo asumió su rol de agencia ejecutiva de la mente: como mediador de los conflictos y negociador de acuerdos. En sus últimos ensayos sobre este tema, Freud (1940) postuló el desarrollo autónomo del yo. El modelo estructural no apareció de la noche a la mañana, ni llegó a reemplazar por completo el modelo topográfico. Los elementos de la teoría estructural fueron formándose con el tiempo, ya desde antes de 1923. Sin embargo, Freud a menudo regresaba a la concepción topográfica de los fenómenos, y dejó en manos de sus sucesores el desarrollo de una teoría que estableciera conexiones específicas entre las dos teorías de la angustia –como fue el caso de la “teoría unitaria de la angustia” (Rangell 1969a, b)– y la aplicación de los principios psicológicos del yo en la práctica psicoanalítica –como fue el caso del “análisis de las defensas”, en lugar de su confrontación o “superación” (Gray 1982, 1994; Busch 1992, 1993, 1999; Paniagua 2008, 2014). III Aa. Un recorrido por los primeros estudios de la psicología del yo La concepción de Freud del yo como una agencia ejecutiva y activa de la mente desembocó en la aparición de muchos estudios polifacéticos sobre el rol del yo en el funcionamiento psíquico, el desarrollo, la psicopatología y el tratamiento, que marcaron el variado recorrido de la “psicología del yo” : Paul Federn (1926), en Viena, conceptualizó el límite del yo entre el yo y la representación de objeto, conservando la subjetividad del yo/“Ich” freudiano que denominó el “ sentimiento del yo ”. Dejando a un lado las diferencias terminológicas y conceptuales con la “psicología del yo clásica”, en Nueva York, donde inmigró Federn, sus contribuciones giraron en torno a la psicosis –desrealización y despersonalización–, la cual provoca una pérdida gradual de los sentimientos del yo, es decir, una reducción de cierta investidura narcisista en el yo. Esto no solo ocurre cuando la alienación se relaciona con los propios sentimientos del sujeto, sino también cuando hace referencia al mundo de los objetos (Jacobson 1954).

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