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transformado cada vez más en una función organizadora importante de la pulsión. Esta línea de pensamiento ha adoptado muchas formas. Jacques Lacan (2004) reelaboró la terminología freudiana de las representaciones como significantes, tomando prestados los conceptos del lenguaje como estructura de Ferdinand de Saussure. El énfasis lo pone en la infinita posibilidad combinatoria del significante, que determina la expresión última de las pulsiones. En su versión, el inconsciente está formado por significantes reprimidos que, a su vez, controlan el acceso a los derivados pulsionales. Puede considerarse un modelo de la psique menos determinado biológicamente y, en última instancia, más sensible culturalmente que uno basado en supuestas fuentes de activación erógena. En los escritos de Lacan, la importancia del objeto puede verse en el gran Otro, considerado como “el tesoro de los significantes”, que da forma al “bucle de retorno” (a través del cual el sujeto recupera sus mensajes pulsionales en forma invertida). André Green propone reemplazar el sistema clásico de pulsión/defensa por el sistema pulsión/objeto. En este último, se tiene en cuenta la influencia de la respuesta del objeto externo en la configuración de la vida pulsional del sujeto. Jean Laplanche busca el origen de la pulsión sexual del sujeto en los “significantes enigmáticos” transmitidos por la madre. Esta transmisión se denomina “la situación antropológica fundamental”. Más recientemente, René Roussillon , sensible a las características de las formas de simbolización dentro de la comunicación humana, enfatiza la importancia de otro componente de la pulsión proponiendo la idea de una “función mensajera” y, por lo tanto, un “lenguaje” de la pulsión. Estos cuatro modelos –que enfatizan la importancia del objeto en la formación de la vida pulsional– no se oponen, sino que se complementan. V. Aa. Jacques Lacan Las reflexiones de Jacques Lacan sobre la pulsión son complejas. Una de sus principales elaboraciones sobre el tema se encuentra en “Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis” (Lacan, 1978). En primer lugar, para Lacan, la pulsión no pertenece al registro de lo orgánico; es una fuerza psíquica. Más que un mito, Lacan considera la pulsión una convención, o más bien, una ficción. Diferencia la pulsión de la necesidad, que es orgánica y obedece una pulsación rítmica. En contraste, la pulsión está animada por una fuerza constante. Corresponde a una forma de energía potencial de investidura, cuyos objetivos no pueden reducirse a la sola cuestión de la descarga. La sublimación es, de hecho, una de las vicisitudes de la pulsión; aunque la meta pulsional esté inhibida en la sublimación, esta conduce a la satisfacción pulsional.
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