Diccionario enciclopédico de psicoanálisis de la API

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A diferencia del “simbolismo”, que representa un objeto mediante un símbolo, la simbolización no vincula el objeto a su representación, sino que vincula las representaciones o huellas psíquicas del objeto entre sí. Y en función del número y del tipo de huellas, existen distintos niveles de simbolización. La primera aparición de la cuestión del registro y las huellas de la experiencia subjetiva se encuentra en la célebre carta de Freud del 6 de diciembre de 1896. En ella, Freud propone la idea de que la memoria está presente de forma múltiple y en diversos tipos de recuerdos. En primer lugar, está lo que Freud denomina la “huella mnémica perceptiva”, que anota como Wz, y que corresponde al registro psíquico de las huellas de la percepción y su almacenamiento en la memoria. A continuación, existe una huella que Freud denominó “conceptual”, que corresponde a las representaciones de cosas (o “representación-cosa”, en la forma de una cosa tal como aparece en un sueño) y que inscribe en el inconsciente. Por último, está la “representación-palabra” preconsciente. Si existen tres huellas, se dan necesariamente dos procesos en el paso de una a la otra, dos procesos de transformación y, en la medida en que se trata de huellas de representación, dos procesos de producción de dichas huellas y, por tanto, de simbolización. La pregunta que se plantea entonces es la del proceso de transformación que vincula las huellas entre sí. En un primer momento, Freud concibe la transición de las huellas mnémicas perceptivas a las representaciones de cosas como producto de una reducción en la cantidad de investidura. Con plena carga de investidura, la investidura de la huella mnémica produce una “identidad perceptiva”, es decir, una activación alucinatoria. Cuando la carga se restringe, o cuando el proceso queda confinado al espacio psíquico interior –como ocurre, por ejemplo, bajo la envoltura del sueño–, la activación de la huella mnémica produce únicamente una representación simple: la representación de cosas. En esta primera concepción (Freud 1893-1895; 1895; 1896), el primer proceso no es más que una simple reducción de cantidad, un efecto del duelo de la “identidad de percepción” en favor de una simple “identidad de pensamiento”. El primer proceso de simbolización queda así concebido como “puramente cuantitativo”. Esta orientación imprimió un sesgo en parte del pensamiento clínico hacia la cuestión de la reducción de cantidad –la misma excitación– y hacia la problemática de la resistencia y el masoquismo, cuando la reducción de cantidad fue concebida como un proceso de vinculación. Antes de examinar qué fue lo que produjo una superación de este primer modelo, es necesario subrayar la existencia de un modelo alternativo (Freud 1900, 1911b) que estaba presente, de forma rudimentaria, desde el principio. En términos contemporáneos, en el espacio del sueño –un espacio “enmarcado” o incluso “envuelto”

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