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Tradicionalmente, en América del Norte se concibe el simbolismo psicoanalítico (freudiano) como un derivado pulsional arraigado en el proceso primario, más cercano a una identidad de percepción, y con un contenido relativamente restringido a representaciones ocultas del sí mismo (del inglés, self ) corporal, los objetos infantiles, el nacimiento y la muerte, y los conflictos y experiencias infantiles asociados. El simbolismo del proceso primario se diferencia de un complejo protosimbólico filogenético –quizás una función semiótica indiferenciada– anterior y paralelo a los procesos simbólicos del “proceso secundario” y del yo racional. El simbolismo psicoanalítico se concibe tradicionalmente como independiente del lenguaje y la cultura, y como dotado de formas relativamente universales, así como de características y relaciones particulares con la represión y la función arcaica del yo. Si bien el simbolismo psicoanalítico no es esencialmente comunicativo, puede ponerse al servicio de la sublimación y la adaptación. Sin embargo, más recientemente algunos autores norteamericanos remiten al texto de Freud (1910b) “Sobre el sentido antitético de las palabras primitivas”, en el que escribió (citando sus propias palabras de “La interpretación de los sueños”, p. 318 [324]): “En extremo llamativa es la conducta del sueño hacia la categoría de la oposición y la contradicción . Lisa y llanamente la omite, el ‘no’ parece no existir para el sueño. Tiene notable predilección por componer los opuestos en una unidad o figurarlos en idéntico elemento.” (Freud 1910b, p. 155 [147, énfasis en la traducción]). Se refiere al trabajo previo de Abel sobre las lenguas antiguas, en las que las contradicciones coexisten sin eliminarse mutuamente, cuando cita la conclusión de Abel: “En vista de este caso y de otros muchos parecidos de significado antitético […] no puede caber ninguna duda de que por lo menos en una lengua existió una multitud de palabras que designaban una cosa y lo contrario de esa cosa al mismo tiempo. Por asombroso que parezca, estamos frente a un hecho y tenemos que dar razón de él” (Freud 1910b, p. 156 [148, énfasis en la traducción]). En consecuencia, en una interpretación relativamente nueva de la génesis freudiana de los procesos de simbolización, algunos autores norteamericanos contemporáneos señalan el fundamento lingüístico de la contradicción y la controversia, siguiendo la costumbre de Freud de emplear proverbios y aforismos en los que afloran contradicciones lingüísticas con variantes aparentemente inagotables. Siguiendo a Freud, Gediman (2011) señala paralelismos entre pares de proverbios que encierran sabidurías contrarias y pares de proposiciones psicoanalíticas que de manera similar parecen contener mensajes y pensamientos contradictorios, buscando paralelos entre la estructura del lenguaje en dichos consagrados y en las estructuras de modos de escucha aparentemente dispares, donde observa la multiplicidad y contradicción en el lenguaje de los aforismos y proverbios; por ejemplo: “El silencio es oro” y “El que no llora, no mama” (del inglés, “ A squeaky wheel gets the grease ”) (Gediman 2011, p. 623). Así pues, en esta interpretación de la concepción freudiana del simbolismo (de los sueños y las fantasías inconscientes), el simbolismo del proceso primario (de los
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