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logros culturales se basan principalmente en la pulsión de muerte. No obstante, otros analistas abren la posibilidad de que exista otro tipo de desarrollo cultural que no se fundamente en las pulsiones. Winnicott considera que este surge en el espacio intermedio entre la madre y su bebé, y habla de la experiencia cultural como una extensión de los fenómenos transicionales. Otros autores sitúan el área cultural en el continuum entre los procesos de presimbolización y simbolización. Ricoeur lo hace cuando afirma que un polo de lo simbólico es la interpretación de los significados arcaicos y el otro se abre hacia la emergencia de lo simbólico en el futuro, y que la sublimación ES la función simbólica en sí misma. En el marco de la teoría lacaniana, Berenstein postula de manera similar que una reorganización psíquica, que ocurre a posteriori , más allá de la infancia, puede dar lugar a un nuevo orden simbólico. Hay otro aspecto del papel de la cultura en la ampliación del mundo simbólico del ser humano que merece destacarse: la invitación que se le hace al espectador para que interactúe con el artista (y su obra). Una obra de arte invita a quienes la contemplan, la leen o la presencian a continuar el proceso de simbolización iniciado por el artista, de tal manera que se convierte en una co-construcción simbólica, un proceso vivo y continuo. Esta área ha sido objeto de numerosos estudios contemporáneos, que involucran múltiples perspectivas interdisciplinarias dinámicas (Eco 1979, 2004; Kandel 2012). Arnold Modell (1970) sostiene que muchos símbolos pueden concebirse como metáforas impersonales cuyo significado es compartido y deriva de la convención o el mito, y pueden entenderse como artefactos culturales. Una serpiente en un sueño puede simbolizar un pene –una metáfora convencional– o bien algo completamente distinto que tiene un significado idiosincrásico para el soñante. En otro contexto cultural, el de la antigua Grecia, las serpientes no simbolizaban el pene, sino algo muy diferente: representaban un poder curativo asociado al culto sanador de Asclepio, quien convencionalmente se representa apoyado en un bastón entrelazado con una serpiente. Marshall Edelson (1972) aplicó la teoría lingüística a la investigación de la forma y la función simbólicas. Sus esclarecedores estudios psicolingüísticos plantean preguntas significativas sobre las transformaciones simbólicas y las traducciones del discurso en diferentes disciplinas. Las proposiciones de Edelson parten de una única “función simbólica” básica de la mente y atribuyen propiedades lingüísticas a los procesos inconscientes, en los que el soñar queda entonces supeditado al lenguaje. Julia Kristeva (Kristeva 1974/1984; Beardsworth 2004), de la Sociedad Psicoanalítica de París, con una influencia cada vez mayor en América del Norte, ha escrito desde la década de 1970 sobre psicolingüística del desarrollo, semiótica y el nacimiento del lenguaje . Su obra se vincula estrechamente con la reciente investigación neuropsicológica intersubjetiva italiana sobre el desarrollo de Ammaniti y Gallese (2014), señalada anteriormente por Blum. Su prolongada labor psicolingüística surgió a partir de una distinción entre el “funcionamiento semiótico y el funcionamiento simbólico”.
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