Diccionario enciclopédico de psicoanálisis de la API

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En este marco, el funcionamiento simbólico “abarca todo lo relacionado con el discurso comunicativo, en especial los enunciados con contenido proposicional que dicen algo (a alguien). La concepción de lo simbólico cubre, por tanto, el campo del objeto significativo, es decir, una representación, una idea o una cosa.” Kristeva distingue esto del “[f]uncionamiento semiótico, [que] comprende el papel menos visible del tono, el gesto y el ritmo, por ejemplo, en la significación y en las capacidades innovadoras de los sujetos” (Beardsworth 2004, p. 25). La categoría de “lo simbólico” proviene originalmente de la modificación lacaniana (Lacan 1966) de la lingüística estructural. La “Semiótica” de Kristeva aborda cómo el lenguaje comienza a gestarse a través del impacto de los sonidos y los ritmos sobre el embrión dentro del cuerpo de la “madre hablante” embarazada. Desde una perspectiva interdisciplinaria del desarrollo, el enfoque de Kristeva pone de manifiesto el valor de las perspectivas interdisciplinarias lingüísticas y literarias para reflexionar sobre el papel de la simbolización en sus funciones psíquicas primarias en la comunicación humana. Anna Aragno propone revisiones a la comprensión de la creatividad artística basadas en un modelo biosemiótico de la mente y la comunicación (Aragno 1997, 2009). El modelo actualizado de Aragno sobre la conceptualización jerárquica del funcionamiento mental concibe un continuum fundado en progresiones microgenéticas por etapas de mediación semiótica, que se correlacionan con los hallazgos actuales del desarrollo y la neurobiología, y son impulsadas por el deseo humano de comunicar, expresar, representar, registrar y codificar. Aragno se centra en las transformaciones formales funcionales obtenidas a través de la simbolización. De particular importancia es la estructura de la formación onírica, concebida como una plantilla natural para creaciones conscientes más elaboradas que cumplen funciones personales para el individuo, análogas a las que el arte cumple para la sociedad. En su artículo “Simbolización y creatividad”, Susan Deri (1984) presenta una ampliación del concepto de formación de símbolos y “atribuye una cualidad gestáltica innata, u ordenadora, al contenido de la capa más profunda del inconsciente no reprimido. Este proceso […] es central en la transformación de los procesos primarios a los secundarios. El depósito de los datos, objetivo postulado por Fechner, difícilmente constituye una meta de la vida mental. Más bien, el objeto es la articulación creciente de los datos. Los símbolos representan algo ausente y pueden ser retrabajados o reencuadrados terapéuticamente, ya que el símbolo es siempre una abreviatura de una mayor cantidad de contenido que simboliza.” (P. Deri 1990, p. 487). Para Deri (1974), la simbolización es un acto básico de la mente del que derivan los conceptos clínicos: “La desimbolización se convierte en un tipo de represión mediante la cual se produce una desarticulación antinatural de la forma. La negación se convierte entonces en un ocultamiento de un símbolo a la conciencia en el

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