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En Europa , la cuestión del símbolo y su formación ha estado presente en el pensamiento psicoanalítico desde las primeras definiciones freudianas. El simbolismo alude al modo de representación de la cosa o persona simbolizada, mientras que la simbolización describe el proceso de creación de significados mediante el establecimiento de un vínculo entre ambas. Existe consenso general en que el símbolo implica su separación y diferencia de la cosa u objeto simbolizado. En las escuelas europeas de pensamiento psicoanalítico, la simbolización se describe como un proceso a la vez defensivo y creativo, que permite explorar las realidades internas y externas, así como la capacidad de reparación y de sublimación. El símbolo representa, por lo tanto, tanto conflictos internos como nuevas ideas y conexiones, habilitando al mismo tiempo procesos de separación e individuación. La incapacidad para simbolizar indica psicopatología grave y déficits del desarrollo, y conduce a inhibiciones del funcionamiento general y de las capacidades creativas. Se han descrito diferentes niveles de simbolización –o grados de transición entre el objeto y su representación o sustituto–, desde las formas más concretas, como la ecuación simbólica a través de imágenes e ideogramas (representaciones perceptuales), hasta los pensamientos y conceptualizaciones verbales complejas y los objetos de arte. Más recientemente, se ha puesto el énfasis en la capacidad de soñar, jugar y formar símbolos, consideradas más importantes que los símbolos en sí mismos – especialmente aquellos de alto nivel de anstracción–. Los procesos de simbolización están estrechamente vinculados a la diferenciación: yo y otro; inconsciente y consciente; realidad interna y externa. Por su parte, el contexto interpersonal y relacional del desarrollo del símbolo y de la capacidad de simbolizar –mediante la vinculación, la conexión y la transformación– ha recibido un respaldo cada vez más amplio. Si bien el símbolo y la simbolización se consideran universalmente ligados al funcionamiento y la estructura psíquica, las distintas tradiciones psicoanalíticas les otorgan énfasis diferentes, según conciban la simbolización como un proceso que posibilita el desarrollo y la función de la mente o como un logro de una mente desarrollada. Lacan y sus seguidores propusieron un modelo bastante diferente, en el que el orden simbólico –originado externamente– se impone al yo de forma más universal, y no a la inversa. En Latinoamérica , la simbolización se concibe como un proceso complejo, entrelazado con el de subjetivación, ambos presentes a lo largo del desarrollo psíquico del ser humano. Este proceso de simbolización ha sido estudiado desde cuatro perspectivas: a) La perspectiva innata y el rasgo filogenéticamente adquirido de “lo simbólico”, según la conceptualización de Freud; b) La perspectiva de la teoría de las relaciones objetales, en la que el otro (madre o padre) es un factor esencial para la subjetivación y la simbolización; c) La perspectiva de la teoría de los vínculos, según
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