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la cual los vínculos con nuevos objetos permiten la resignificación e inscripción de “lo nuevo”; y d) El “orden simbólico” social y cultural –ya establecido– en el que nace el ser humano. La estructuración del complejo de Edipo es fundamental para el proceso de simbolización; esto implica una organización psíquica con una triangulación de objetos, la institución de la represión y una división interna entre consciente, preconsciente e inconsciente. Sustentado por esta organización psíquica, el proceso de simbolización continúa a lo largo de la vida. En las etapas previas a la organización edípica, es fundamental diferenciar entre el desarrollo presimbólico normal y las fallas tempranas en el proceso de simbolización. Cuando existen fallas importantes en este proceso, predominan las patologías basadas en déficits. Estos pacientes requieren algo diferente de su analista: alguien capaz de recibir y contener lo incipiente, lo no representado, lo que no puede ser nombrado, incluso atravesando sentimientos y sensaciones que el paciente no puede sentir ni experimentar, para favorecer la figurabilidad, la representación, la denominación y la apropiación por parte del paciente de sus sentimientos y sensaciones. En otras palabras, se necesita un psicoanalista que proporcione al paciente su propia función simbolizadora. El contexto desempeña un papel esencial en esta función. Un “análisis suficientemente bueno” permite al paciente internalizar la relación del espacio con la función analítica para significar y redefinir, y así construir o reconstruir su propia historia a posteriori . La teoría psicoanalítica latinoamericana subraya los vínculos entre el pasado, representado por el símbolo heredado filogenéticamente, y el presente, donde el desarrollo psíquico infantil se comprende dentro del contexto cultural en el que se produce. Desde la perspectiva temporal-cultural, el proceso de simbolización nunca termina: se producen re-simbolizaciones, se crean nuevos símbolos y el lenguaje se desarrolla constantemente en respuesta a esta necesidad. En términos generales , el interés de las diversas regiones se ha orientado hacia un estudio profundo de las distintas etapas del desarrollo de la capacidad de representar y simbolizar, con el fin de recuperar y expandir el funcionamiento simbólico inconsciente. La complejidad contemporánea –con sus convergencias y divergencias, sus debates, controversias e investigaciones– se concentra en el vasto dominio de lo presimbólico, lo no simbólico y lo parcialmente simbolizado, conceptualizado de diversas maneras, ya sea desde como etapa temprana del desarrollo o como resultado de alteraciones traumáticas regresivas. El interrogante central es cómo puede abordarse este dominio en el contexto y el proceso psicoanalítico para favorecer la simbolización, la subjetivación, la estructuración psíquica interna y el mundo representacional del sí mismo y del objeto, y con ello, la sublimación y los vínculos íntimos con los demás, lo que enriquece la experiencia cultural plena de la vida creativa.
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