REVISTA DIGITAL - 2425

CONECTADOS , PERO ¿ A QUÉ PRECIO ? CONECTADOS, PERO ¿A QUÉ PRECIO?

Por Carmen Fortea, profesora de Comunicación Audiovisual y periodista

Vivimos en un mundo donde estar desconectado es casi una rareza. La digitalización ha transformado nuestras rutinas, nuestras formas de aprender, de comunicarnos, de trabajar y hasta de descansar. Pero, ¿hemos pensado con la suficiente profundidad en lo que estamos perdiendo mientras ganamos "conectividad"? Como profesora de Comunicación Audiovisual, observo cada día cómo la tecnología forma parte inseparable de la vida de nuestros alumnos. Y, como periodista, me resulta imposible no analizar los mensajes que nos envuelven: la promesa de inmediatez, de acceso ilimitado, de control desde la palma de la mano. Pero esa promesa viene con letra pequeña. Y, a veces, con consecuencias grandes.

Imagen generada con Canva

Uno de los peligros más invisibles pero más preocupantes es la pérdida de atención y concentración. Estamos educando generaciones que tienen dificultades para mantener la atención más allá de unos pocos minutos, acostumbrados a los estímulos constantes de notificaciones, vídeos cortos y respuestas instantáneas. ¿Qué pasa con el pensamiento profundo, con la reflexión crítica, con el aburrimiento creativo que antes daba paso a la imaginación? A esto se suma la exposición a contenidos nocivos o distorsionados. Las redes sociales han dado voz a muchos, sí, pero también han amplificado la desinformación, el odio y las comparaciones constantes que dañan la autoestima, especialmente entre adolescentes. ¿Cuántos de nuestros estudiantes han sentido que no son “suficiente” por no tener los likes que otros sí consiguen?

Por no hablar de la huella digital. Cada clic, cada búsqueda, cada foto compartida construye una identidad en línea que muchas veces no controlamos. Les decimos a nuestros alumnos que piensen antes de publicar, pero nosotros, como adultos, ¿predicamos con el ejemplo?

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