La digitalización no es enemiga de la educación ni del desarrollo personal. Sería ingenuo e irresponsable afirmarlo. Pero su uso acrítico, su sobreexposición y su consumo sin acompañamiento sí lo son. Necesitamos educar no solo en tecnología, sino en valores, en límites, en criterio. Desde esta asignatura, intentamos precisamente eso: dar herramientas para que los alumnos no solo consuman contenidos, sino que los analicen, los cuestionen, los creen con responsabilidad. La alfabetización digital no puede limitarse a saber manejar una app; debe implicar saber cuándo y por qué usarla... o cuándo es mejor apagarla.
La digitalización ha venido para quedarse. Lo que está en nuestras manos es decidir cómo convivimos con ella sin perdernos en el camino.
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