16/SABOR
el horizonte
Miércoles 22 de abril de 2026
SABOR
SABÍAS QUE… En América Latina, esta mezcla adopta distintos nombres como “Romeo y Julieta” o “vigilante”, lo que evidencia su arraigo cultural.
Y SAZÓN SU VIGENCIA RADICA EN SU CAPACIDAD DE REINVENTARSE UN CLÁSICO EN EVOLUCIÓN El ate con queso no es solo un postre; es un reflejo del mestizaje culinario y del gusto por los contrastes que define a la cocina mexicana
fue adaptado en Michoacán, utilizando frutas locales como guayaba, tejocote o mango. La re- ceta se fusionó con la riqueza frutal local, dando origen a una amplia variedad de ates regionales. El acompañamiento con queso surgió como una respuesta natural al paladar: equilibrar el dulzor intenso con un contrapunto salado. De ahí que hoy se entienda como una combina- ción casi inseparable. El éxito del ate con queso radica en un princi- pio básico de la gastronomía: el equilibrio de sa- bores. El ate aporta dulzor, densidad y notas fru- tales; el queso, en cambio, introduce grasa, salini- dad y, en algunos casos, acidez. Este juego gene- ra una experiencia compleja y placentera. (Con información de Agencias)
COMBINACIONES PERFECTAS La versatilidad de este postre permite múltiples combinaciones. Algunas de las más destacadas son: ATE DE GUAYABA + QUESO FRESCO O PANELA Una de las versiones más populares en México. El queso suave permite que la guayaba brille sin saturar el paladar. ATE DE MEMBRILLO + QUESO MANCHEGO O SEMICURADO Clásico de inspiración europea. El queso con mayor maduración intensifica la experiencia. ATE DE PERA O MANZANA + QUESO DE CABRA Ideal para paladares más sofisticados: la acidez del queso de cabra resalta la delicadeza de estas frutas. ATE DE MANGO O TEJOCOTE + REQUESÓN O RICOTA Una combinación más ligera y cremosa, perfecta para versiones contemporáneas del postre.
teras, consolidándose como un clásico tanto en mesas familiares como en propuestas gourmet. El ate, esa pasta firme y brillante elaborada a base de fruta y azúcar, tiene raíces que se re- montan al Medio Oriente, pero encontró en Mé- xico su identidad definitiva durante el Virreina- to de la Nueva España. Inspirado en el dulce de membrillo europeo,
REDACCIÓN El Horizonte
En la gastronomía mexicana, pocas combi- naciones resultan tan sencillas y, al mismo tiem- po, tan sofisticadas como el ate con queso. Este postre, que juega con el contraste entre lo dulce y lo salado, ha trascendido generaciones y fron-
EL VINO IDEAL: ELEVA EL POSTRE El ate con queso también abre la puerta a maridajes con vino, donde la clave está en respetar el equilibrio
entre dulzor, grasa y acidez. Vinos tintos jóvenes (Malbec, Cabernet Sauvignon). Funcionan bien con quesos curados y ate de sabores intensos como guayaba o membrillo, gracias a sus taninos estructurados.
Vinos blancos semidulces (Riesling, Chenin Blanc). Perfectos para combinaciones con quesos frescos y ates más delicados. Vinos espumosos: La acidez y burbuja limpian el paladar, creando un
contraste elegante. Vinos de postre (Oporto o late harvest): Para quienes buscan una experiencia más indulgente y sofisticada.
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