EDICION ESPECIAL 12 de OCTUBRE-1

EDICION ESPECIAL 67° Aniversario Diario El Independiente

LA RIOJA 7

| Lunes 12 de Octubre de 2026

Del papel a la pantalla: el ocaso de los canillitas La digitalización transformó la manera de informarnos y desplazó de las calles a una figura histórica de la vida cotidiana: el canillita. En La Rioja, su desaparición no solo habla de los cambios en el consumo de noti- cias, sino también de un oficio, una identidad y una forma de encuentro que se apagan lentamente.

primeras conversaciones del día. Su puesto era también un punto de referencia barrial. Allí se cruzaban vecinos, comentarios, preocupa- ciones y discusiones que, muchas veces, continuaban en el café, en el trabajo o en la mesa familiar. En noviembre de 2023, una nota publicada por El Independiente re- cuperó las historias de vendedores riojanos que todavía sostenían esa tradición. Ambrosio Moreno, que llevaba 25 años en el oficio, conta - ba que se levantaba temprano para buscar los diarios en la planta im- presora y llegar a su puesto. En esa misma entrevista, estimaba que de los más de 200 canillitas que había conocido en la provincia quedaban apenas entre ocho y diez. Detrás de cada puesto, una historia Nicolás Pacheco, por su parte, había heredado de su abuelo el puesto de venta ubicado junto a la Catedral. Las historias de ambos permitían dimensionar una transformación que, detrás de las cifras, tenía nom- bres, trayectorias familiares y for- mas concretas de ganarse la vida. No se trata de romantizar el pasado ni de responsabilizar a quienes hoy eligen leer desde una pantalla. Las tecnologías cambian, las costum- bres se modifican y los medios de comunicación deben adaptarse para seguir llegando a sus audiencias. El problema aparece cuando ese proce- so se analiza únicamente desde la innovación y deja en segundo plano a quienes pierden su lugar en el nue- vo escenario. Porque detrás de cada puesto que cierra hay un trabajador que necesi- ta encontrar otra manera de soste- ner sus ingresos. Hay familias vin- culadas a una actividad que durante años tuvo un lugar reconocido en la economía urbana. Y hay también una ciudad que se vuelve un poco más silenciosa, donde determina- dos encuentros cotidianos dejan de producirse. Adaptarse sin dejar a nadie atrás

La desaparición de los canillitas nos invita a pensar una pregunta que excede al periodismo: ¿cómo atra- vesamos los cambios tecnológicos sin perder de vista su dimensión humana? Adaptarse no debería significar aceptar que todo aquello que deja de ser rentable pierde automáticamen- te su valor. Tampoco alcanza con recordar un oficio cuando ya casi no quedan quienes lo ejercen. Recono- cer su importancia supone escuchar a sus trabajadores, comprender las dificultades que enfrentan y pensar alternativas para que la transforma- ción no se convierta, simplemente, en exclusión. Este 12 de octubre, El Independiente cumple 67 años. En una historia que comenzó con una edición modesta y una tirada de unos pocos cientos de ejemplares, el diario también fue testigo de la evolución de las formas de producir, distribuir y consumir información. Hoy, sus noticias circulan por dis- tintos formatos y plataformas. La pantalla ocupa un lugar que antes pertenecía casi exclusivamente al papel, pero la necesidad de contar lo que sucede y de mantener informa- da a la comunidad continúa vigente. Quizás el grito de los canillitas no vuelva a escucharse con la misma frecuencia en nuestras calles. Qui- zás las nuevas generaciones nunca conozcan el ritual de esperar el dia- rio de la mañana o de detenerse en una esquina para comprarlo. Pero recordar a quienes hicieron de ese oficio una forma de vida también es reconocer una parte de nuestra his- toria. Porque la tecnología puede cam- biar el camino por el que llegan las noticias, pero no debería hacernos olvidar a las personas que, durante décadas, las llevaron hasta nuestras manos. Y porque, aunque hoy la pantalla parezca haber reemplazado aquel grito, detrás de cada noticia siguen existiendo trabajadores, historias y una comunidad que necesita reco- nocerse en lo que lee.

Cuando las noticias llegaban a la esquina Hay sonidos que forman parte de la memoria de una ciudad. En La Rioja, durante décadas, uno de ellos se escuchó en las primeras horas de la mañana: “¡Diario, dia- rio!”. Era el grito de los canillitas, esos trabajadores que recorrían las calles, ocupaban las esquinas y acercaban las noticias a cada ba- rrio. El 12 de octubre de 1959, cuando El Independiente salió por primera vez a la calle con una edición de apenas seis páginas y alrededor de 500 ejemplares, comenzó también una historia compartida con quie- nes hicieron posible que aquella publicación llegara a sus lectores.

Desde entonces, el diario no fue solamente tinta sobre papel. Fue parte del desayuno, de la conver- sación cotidiana y de una forma particular de encontrarse con la actualidad. El tiempo cambió y, con él, nuestra manera de informarnos. La aparición de internet, la expan- sión de los teléfonos celulares y el crecimiento de los medios digita- les transformaron radicalmente el consumo de noticias. Hoy, la in- formación está disponible a toda hora, llega a través de una notifica - ción y puede recorrer el mundo en cuestión de segundos. Ya no hace falta esperar al día siguiente para conocer una noticia ni acercarse a un puesto para comprar un ejem-

plar. La transformación trajo ventajas indiscutibles: mayor velocidad, nuevas posibilidades de acceso y otros lenguajes para contar lo que sucede. Pero también modi- ficó una parte de nuestra vida co - tidiana que muchas veces pasa inadvertida. Mientras las noticias encontraron nuevas pantallas, los canillitas comenzaron a desapare- cer de nuestras calles. Y con ellos, algo más que un oficio. El canillita no era únicamente quien vendía un diario. Era una presencia habitual, alguien que conocía a sus clientes, sabía quién prefería determinada publicación y podía convertirse, casi sin pro- ponérselo, en interlocutor de las

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