El atletismo enseña que no se gana una carrera en el primer entrenamiento. Si se gana, ocurre después de cientos de entrenamientos invisibles, cuando nadie está mirando. Esa lógica se aplica a casi todo en la vida. Mirando hacia atrás, resulta claro que Hacoaj no solo formaba atletas. Formaba personas. Personas que entendían el valor del trabajo, del compañerismo y de la perseverancia. Y también formaba algo invaluable: comunidad. Porque los sueños individuales rara vez se logran solos. Siempre hay un entorno que sostiene, que inspira y que ayuda a que alguien se anime a intentar algo grande. Por eso, cuando uno llega a cumplir objetivos que parecían improbables, es difícil no reconocer dónde empezó todo. A veces empezó en un club. En una pista de atletismo. En una comunidad que, sin proponérselo, enseñaba que los sueños grandes se construyen con esfuerzo grande. Y que vale la pena perseguirlos.
DIEGO JANCHES
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