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Agenda una cita con la Dra. Sojo, con sólo un click sobre el código QR Por eso, si su gato pasa más de un día sin comer, no es- pere. No confíe en que "ya se le pasará". No espere a verlo amarillo. El pilar del tratamiento es uno sólo, y no admite discusión: el gato tiene que comer. Si no lo hace por sí mismo, hay que ayudarlo. Y eso significa, en muchos casos, colocar una sonda de alimentación nasal o esofági- ca para administrarle una dieta rica en proteínas y calorías hasta que su cuerpo despierte y él vuelva a sentir hambre por sí solo. Suena agresivo, pero es lo que salva vidas. P ara terminar , una idea muy clara La lipidosis nunca es el punto de partida. Su gato no deja de comer porque tenga hígado graso; tiene hígado graso porque dejó de comer por otra razón. Puede ser una pancreatitis, una obstrucción, una mudanza que lo estresó más de la cuenta. La causa puede ser muy variada, pero la consecuencia es siempre la misma: el ayuno prolongado intoxica el hígado. Luego vienen los signos físicos: el adelgazamiento rápido, la debili- dad, los vómitos de saliva o bilis. Y un detello muy revelador: si mira a su gato y nota un tono amarillento en las encías, en la piel de las orejas o en el blanco de los ojos, eso es ictericia. Y la ictericia, en estos casos, es el grito de auxilio del hígado. Para confirmarlo, los análisis de sangre nos dan la clave: las enzimas hepáticas se disparan, la bilirrubina sube. A veces, con una ecografía vemos el hígado brillante, como si estuviera cubierto de grasa. Pero no hace falta llegar tan lejos si se actúa con rapidez. ¿Y cómo afecta a su salud ? El hígado no trabaja solo: es el laboratorio del organismo. Cuando deja de funcionar, los desechos se acumulan en la sangre y llegan al cerebro, provocando confusión, letargo, desorientación. El gato se apaga poco a poco. Deja de comer porque se siente mal, y al dejar de comer, el hígado se llena de más grasa todavía. Es un círculo vicioso del que es difícil salir sin ayuda. Si no se interviene, la lipidosis hepática acaba con la vida del animal en un alto porcentaje de los casos. Pero hay un dato esperanzador: el hígado, a diferencia de otros órganos, tiene una capacidad de regenera- ción enorme. Si logramos alimentar al gato, sostenerlo, sacarlo de ese bucle, el hígado puede recuperarse. No como en una cirrosis, que no tie- ne vuelta atrás. Aquí hay margen, pero sólo si actuamos a tiempo. ¿Y el tratamiento ? E n estos casos , el tiempo no es oro . E s , sencillamente , vida .

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