14/MÉXICO
el horizonte
Fin de semana del 2 al 4 de octubre de 2026
LA CIA SEÑALA A ECHEVERRÍA COMO EL RESPONSABLE (TERCERA Y ÚLTIMA PARTE) La otra mirada al 2 de octubre
El gobierno de Gustavo Díaz Ordaz tenía tres grandes problemas en el verano de 1968
1 .- La presión del gobierno estadounidense. 2.- Los Juegos Olímpicos, com- promiso adquirido en el gobierno de López Ma- teos. 3.- Las manifestacio- nes estudiantiles, renuentes al diálogo. El entusiasmo del presiden- te Díaz Ordaz por las Olimpia- das era poco. En realidad, le ge- neraba muchas preocupaciones. Los ojos del mundo estarían en- focados en México. El país recibi- ría miles de extranjeros. La prio- ridad del gobierno era garantizar la seguridad a los visitantes y la estabilidad de la nación. Desde el primer año de su go- bierno, GDO había consultado a distintos sectores de la sociedad la posibilidad de declinar la sede de los Juegos Olímpicos. Se con- cluyó que al hacerlo “podía per- judicarse gravemente nuestro crédito en los medios bancarios internacionales y deteriorarse nuestra economía interna”. Gustavo Díaz Ordaz se sentía sumamente orgulloso de haber sido universitario, y más aún, de haber sido profesor y vicerrec- tor de su alma máter, la Univer- sidad de Puebla. Cada año in- auguraba el ciclo escolar en la UNAM y el IPN. ¿Entonces cómo se explica la matanza de Tlatelolco? En agosto de 1966 se fundó la Organización Continental de Estudiantes Latinoamericanos en La Habana, con el objetivo de “promover la solidaridad de los estudiantes del continente en la lucha contra el imperialismo, así como para consolidar los la- zos de unión con los campesinos y obreros”. En 1966, el rector de la UNAM, Ignacio Chávez, se vio obligado a
renunciar debido a las manifesta- ciones en contra de las reformas universitarias en las que se elimi- naba el pase automático y se im- plementaban el examen de selec- ción a todos los aspirantes, sin im- portar si eran egresados o no del bachillerato de la universidad. Poco después se dio a conocer la creación del Consejo Estudian- til Universitario… y su cercanía al Partido Comunista Mexicano. Tras la renuncia de Ignacio Chávez, quedó como rector de la UNAM, Javier Barros Sierra, quien en el sexenio de Adolfo López Mateos había sido secre- tario de Obras Públicas y había tenido varios desencuentros con el entonces secretario de Gober- nación, Gustavo Díaz Ordaz. De acuerdo con la historia oficial, Barros Sierra solucionó todas las demandas de los estu- diantes que habían provocado la renuncia de Chávez. Es decir, que ya no había razón para ma- nifestarse en las calles. Si algo ha demostrado la his- toria universal es que las gran- des tragedias no se dan solas y mucho menos por casualidad. Siempre hay alguien moviendo los hilos. Y los estudiantes fue- ron tan solo sus marionetas. El 22 de junio de 1968, los alumnos de la vocacional 2 del Instituto Politécnico Nacional y la Preparatoria 1 de la UNAM co- menzaron un pleito callejero tras un partido de futbol. Las autori- dades del IPN solicitaron el apo- yo de la policía, lo cual concluyó en un severo acto de represión hacia los jóvenes. La tensión fue aumentando con el paso de los días. A peti- ción del regente del Distrito Fe- deral, Alfonso Corona del Rosal, el 29 de julio llegaron a la capital
tanques ligeros, jeeps con bazu- cas y morteros. El Ejército se apostó frente a la Preparatoria 1 (actualmente el Museo de San Ildefonso), al man- do del general José Hernández Toledo, y dispararon un bazuca- zo contra la puerta. Granaderos y militares aprehendieron a los estudiantes. José Barros Sierra y Agustín Yáñez, titular de Educación Pú- blica, acordaron el cierre tem- poral de las preparatorias y vo- cacionales. Si bien es cierto que en 1968 la agitación estudiantil se había convertido en un fenómeno des- de Alemania Occidental, Europa, Estados Unidos y hasta América Latina, no era suficiente para que llegara al nivel de las manifesta- ciones en México. Cualquier tipo de manifesta- ción requiere reclutamiento de participantes, organización y al- gún método de financiamiento. Si se hace una comparación imparcial con el presente, se pue- den encontrar numerosas simili- tudes con las manifestaciones que reclamaban el regreso de los 43 estudiantes de Ayotzinapa en el sexenio de EPN. Por muy des- cabellado que parezca, y aunque cueste admitirlo, dichas moviliza- ciones fueron financiadas y apo- yadas por la izquierda. Junto a ellos marcharon los sindicatos del SNTE, la extin- ta Luz y Fuerza y muchos más. Cabe recordar que los padres de los 43 viajaron a Estados Unidos y Europa para manifestarse ante organismos internacionales. Es razonable y objetivo cues- tionarnos de dónde conseguían dinero tan solo para vivir si pa- saron la mayor parte del tiempo manifestándose.
Más aún, ¿por qué en cuanto AMLO ganó las elecciones desa- parecieron las manifestaciones de los 43? Se evaporó el reclamo de “Vivos se los llevaron y vivos los queremos”. Ahora solo queda la esperanza de por lo menos en- contrar los cuerpos. En las últimas dos décadas, el 2 de octubre era un día de terror en el Centro Histórico. Todos los locales de la zona cerraban sus puertas. Grupos anarquistas sa- lían a las calles a destrozar todo a su paso: ventanas, puertas, pa- radas de autobuses, lo que fuera. Y ni hablar de los Oxxos que sa- queaban. Pero el 2 de octubre de 2018, justo cuando la “izquierda” ganó las elecciones, no hubo los tan comunes destrozos a nego- cios en el Centro Histórico. Es fácil imaginar a 20 alum- nos indignados que con solo el poder de convencimiento lo- graron atraer 100,000 personas (por decir una cifra). Pero la rea- lidad es otra. Se necesita promo- ver “el movimiento”, convencer a la gente que abandone sus ac- tividades cotidianas para mar- char en las calles con pancartas. En los últimos días de diciem- bre de 2018 y el 2 de enero de 2019, 100 personas se manifes- taron afuera de Palacio Nacional por despidos injustificados en el SAT. ¡Cien! Tan solo 100 personas, de más de 2,500 despedidos. ¿Dónde estaban los otros 2,400? ¿Falta de interés? ¿Fal- ta de convocatoria? ¿Falta de fi- nanciamiento o de apoyo de al- gún partido político? Lo mismo podemos pregun- tarnos sobre las víctimas del te- rremoto de 2017 en el Colegio Rébsamen en Tlalpan. ¿Por qué nos prosperaron las manifes- taciones de los padres que exi-
gían justicia? ¿Falta de convoca- toria? ¿Falta de financiamiento o de apoyo de algún partido políti- co? ¿Sería porque hacer ruido no iba a afectar a Enrique Peña Nie- to, sino a la delegada de Tlalpan y futura candidata a la jefatura de gobierno de la Ciudad de Mé- xico, Claudia Sheinbaum? Pero… Si la manifestación be- neficia, en este caso, a los intere- ses de Morena o de AMLO, la his- toria es muy distinta. Desde fina- les de diciembre de 2018 y enero de 2019, manifestantes instala- ron un platón afuera de la Supre- ma Corte de Justicia, con casas de campaña y decenas de pan- cartas en las que se exigía que los magistrados bajaran sus suel- dos de acuerdo a la petición de AMLO. ¿Quién en el planeta tie- ne tiempo, dinero y vida para ha- cer un plantón por algo así? En una investigación perio- dística, se develó que varios de los manifestantes del plantón de la SCJN han participado prác- ticamente en todas las manifes- taciones de los últimos 10 años. En pocas palabras: reciben ingre- sos y viven de eso. Hoy en día, las redes sociales son una gran herramienta de co- municación. Pero en septiembre de 1968 la única forma de llegar a la gente era por medio de des- plegados en periódicos, volantes, mantas, anuncios en paredes y voluntarios. Muchísimos volun- tarios. Cientos. Y todo eso costa-
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