Anuario de Informe Cotec 2021

ANUARIO COTEC 2021

CAP I

UN AÑO PARA INNOVAR: SANIDAD

P 57

En marzo de 2020, los sanitarios se enfrentaban al virus sin equipos de protección, y los países rivalizaban por encontrar proveedores en cualquier punto del Planeta. En ese momento de crisis, un grupo social con capacidades tecnológicas muy particulares, la llamada comunidad ‘maker’—fabricantes, creadores y aficionados al ‘hágalo usted mismo’—, se activó para ayudar en la lucha contra la pandemia. Contaban con sus impresoras 3D, sus diseños de tecnología abierta y una cultura basada en la colaboración descentralizada y el conocimiento compartido.

Esther Borao, directora del Instituto Tecnológico de Aragón y conocida maker , creó el 12 de marzo un grupo en Telegram para coordinar esfuerzos. A él se unieron Rosa Nieves León, experta en impresión 3D; David Cuartielles, cofundador del microcontrolador Arduino; César García, podcaster de lahoramaker.com; Mercedes Pescador, experta en comunicación; y otros muchos responsables de un movimiento que pronto tuvo nombre: Coronavirus Makers. En 48 horas eran más de mil voluntarios, y en apenas dos semanas, superaban los 16.500. Los FabLabs (laboratorios de fabricación) de toda España se unieron, y también COTEC y la Fundación Ashoka. Como explica Cuartielles “fue una catarsis: en vez de estar en casa en estado de shock, se puso el enfoque en estar activos, conectados y desarrollando soluciones”. Un grupo de fabricantes coordinó la I+D de hasta 20 proyectos, buscando los diseños más eficientes para viseras, mascarillas, batas, gafas y otros equipos de protección individual (EPI). Otro se dedicó a producir las diferentes piezas, dividido por Comunidades Autónomas, y con un responsable siempre disponible.

autónoma. Unos imprimían, otros transportaban; unos montaban y desinfectaban, otros distribuían. Bomberos y Policía colaboraron en una distribución que entregó en tiempo récord más de 1 millón de viseras; casi 200.000 mascarillas FFP2; y medio millón de salvaorejas, muy apreciados tras 8 horas de usar mascarilla. También fabricaron buzos ignífugos, oxímetros, gafas protectoras... Todo de forma desinteresada, anónima y colectiva. Muchos makers no solo donaron su tiempo y sus equipos, sino que aportaron también el filamento, la materia prima de las impresoras 3D. Más de 3.000 compañías se pusieron a disposición del movimiento. Leroy Merlin donó todo el filamento que tenía disponible, miles de kilos. Y también contribuyeron BQ, Glovo, RS Components, Media Luna Comunicación,

Clusters Europeo y Español de Industria, Adispo, Aimcse, Policías sin Fronteras…

El ejemplo cundió fuera de nuestras fronteras. Makers de diferentes nacionalidades participaron en el chat español y luego replicaron la idea en sus países, sobre todo latinoamericanos. Como explica Rosa Nieves León: “se crearon coronavirus makers en 27 países, y se donó material o EPI a algunos de ellos, como Venezuela o Congo”.

Cada necesidad de un hospital o centro de mayores fue redirigida al grupo de su comunidad

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