Diccionario enciclopédico de psicoanálisis de la API

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los procesos primarios como los secundarios y las funciones que hay dentro de los sistemas Cc . e Icc . (Grotstein, 2004, 2007). Según Bion, tanto el principio del placer como el de realidad se encuentran en el reino de la función alfa: no son concebidos como principios separados, como pensaba Freud (1911b), sino como conjuntos de oposiciones binarias, presentes en ambos sistemas, que generalmente cooperan entre sí (Bion, 1962, 1963, 1965). Del concepto de barrera de contacto surge el de la “ visión binocular ”: una habilidad basada en el doble enfoque, que fomenta la cooperación entre la función mental consciente y la inconsciente (Reiner, 2012). Bion se refiere a esto cuando escribe que “necesitamos un tipo de visión mental binocular – un ojo ciego [al mundo sensual] y el otro con una visión bastante buena” (Bion, 1975, p. 63). La visión binocular aporta profundidad y relevancia a la experiencia, y es entendida por Grotstein (1978) como una “pista dual”, la cual facilita la aprehensión de los fenómenos que tienen lugar en el transcurso de un análisis. “Los sistemas Icc. y Cc. pueden concebirse como dos ojos o dos hemisferios cerebrales receptivos a las intersecciones del ‘O’, en constante evolución, desde sus respectivos puntos de vista” (Grotstein, 2004, p. 103). Esta visión binocular permite que el analista preste atención a lo que observa e intente comprenderlo desde una doble perspectiva reversible: una consciente y una inconsciente, que a su vez fomentan una manera de ver las cosas desde diferentes puntos de vista (De Bianchedi, 2001). Bion cree que los analistas deben emplear ambas mentes, la consciente y la inconsciente, por tal de mostrarse receptivos ante “O”: “la verdad absoluta de la realidad última” (Bion, 1970, p. 88). De este concepto deriva la concepción del inconsciente como un sistema que coincide parcialmente con “O”, desconocido e imposible de conocer porque se halla fuera de la conciencia reflexiva. Sólo se puede acceder a él mediante a un eco de “O”. Con la introducción del concepto de “O” y su conexión con la-cosa-en-sí-misma y el “infinito”, Bion lleva el concepto de inconsciente a la postmodernidad: está “ligado al infinito, al caos y a la teoría de la complejidad, la teoría de la catástrofe y la espiritualidad” (Grotstein, 1997, p. 84). Cabe destacar que existe una fuerte correlación entre el entorno primario y la posibilidad de encontrar “O”: esto radica en la calidad de los objetos primarios y los interlocutores (y en el análisis, según la calidad de la postura clínica del analista), que determina la posibilidad de que el bebé/paciente pueda soportar el encuentro con “O” (Gaburri & Ambrosiano, 2003) y la realidad emocional que se desprende de ello. Para Bion, O es el dominio del “objeto psicoanalítico”, el verdadero norte hacia el que debe dirigirse la investigación analítica, incluso si nunca puede llegarse a “conocer” por completo. Esta visión de algo que está ahí pero sólo puede intuirse o “llegar a ser”, porque no pertenece “a los sentidos”, es una reminiscencia epistemológica del pensamiento de Platón, Kant y muchos místicos. En la medida en que los elementos u “ocurrencias” de O en uno mismo nunca pueden llegar a conocerse o verbalizarse, esa dimensión inefable del ser es, por definición, “ inconsciente ”. Sin embargo, la parte incognoscible “inconsciente” de O no es el

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