Diccionario enciclopédico de psicoanálisis de la API

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El pronto reconocimiento de Freud de que inevitablemente surgirían resistencias a la asociación libre se convirtió en la base de su comprensión posterior de la necesidad de reelaboración [ working through ]: “En la práctica, esta reelaboración de las resistencias puede convertirse en una ardua tarea para el médico. No obstante, es la pieza del trabajo que produce el máximo efecto alterador sobre el paciente y que distingue al tratamiento analítico de todo influjo sugestivo.” (Freud 1914, p. 155 [157]). En los “Trabajos sobre la técnica” (Freud 1912-1915), el cambio teórico y técnico desde la regla fundamental, utilizada con el propósito de recuperar recuerdos patógenos reprimidos, hacia la “escucha” de los deseos detrás de la interrupción del flujo asociativo –que en su lugar se representan en la transferencia– aparece primero de manera implícita. Se hace más obvio en un ensayo posterior, “Puntualizaciones sobre el amor de transferencia” (Freud 1915), donde el principio fundamental del tratamiento requiere una activación y vivencia simultáneas de los deseos libidinales infantiles reprimidos y un reconocimiento reflexivo de su significado. La regla fundamental se emplea para abarcar ambos aspectos mediante el trabajo de reelaboración [ working through ]. En este caso, el éxito clínico al trabajar con la resistencia (a las asociaciones libres) radica en evocar los aspectos de la personalidad infantil. Dos años más tarde, en las “Conferencias de introducción al psicoanálisis” (1916-1917), al referirse al análisis de los sueños, Freud resume esa misma “regla inquebrantable” de instruir al paciente que… “…no le es lícito excluir de la comunicación ocurrencia alguna por más que contra ella se eleve una de las cuatro objeciones, a saber, que es demasiado trivial , demasiado disparatada , que no viene al caso o es demasiado penosa para comunicarla.” (1916-1917, p. 115 [105]; énfasis añadido). Es más, Freud mantiene que la técnica psicoanalítica es la misma que se usa en la interpretación de los sueños: “Ordenamos al enfermo que se ponga en un estado de calma observación de sí sin reflexión, y nos comunique todas las percepciones interiores que pueda tener en ese estado –sentimientos, pensamientos, recuerdos–, en la secuencia en que emergen dentro de él.” (1916-1917, p. 287 [263]). Luego, en el contexto de escribir sobre la resistencia (una analogía a la censura del sueño), Freud repite las cuatro objeciones que el paciente debe evitar: “…le haría practicar una selección o exclusión entre las ocurrencias: que eso es demasiado desagradable o indiscreto para decirlo, o que es demasiado trivial, no viene al caso, o es disparatado y no hace falta decirlo. Le encarecemos que siga siempre sólo la superficie de su conciencia, que omita toda crítica…” (ibid., p. 287 [263]; énfasis añadido).

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