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cómo y por qué no puede hacerlo. No solo el analista presta igual atención a las manifestaciones del ello, yo y superyó, sino que incluso se espera que el paciente observe y exprese tanto sus pensamientos emergentes como su resistencia a percibirlos o verbalizarlos.” (ibid., p. 454). Además, desde que Anna Freud (1936) sistematizara los mecanismos de defensa y Robert Waelder (1936) elaborara el principio de sobredeterminismo/sobredeterminación de Freud como principio de función múltiple, creció la conciencia sobre la subversión de la asociación libre, y sobre el “uso” del analista y del análisis con fines defensivos (Blum 1996). Tras definir el rol del yo en el método psicoanalítico, como en el “pacto analítico” descrito por Freud (1938) –entre la “sinceridad” asociativa del yo debilitado del paciente y la “discreción” interpretativa del analista–, la fuerza o debilidad yoica dejó de considerarse de forma global. Con la distinción hecha por Heinz Hartmann entre funciones yoicas defensivas y funciones autónomas (Hartmann 1939/1958, 1950), fue posible explorar los distintos papeles que desempeñan varias funciones yoicas en el tratamiento. Además, Hartmann (1951) y luego Loewenstein (1963) informaron que el carácter y la intensidad de las resistencias dependían no solo de conflictos intersistémicos, sino también de conflictos intrasistémicos: “Y la interacción de estos conflictos se desvela con una claridad sorprendente en los esfuerzos del paciente por seguir la regla fundamental” (Loewenstein 1963, p. 463). La regla exige un cambio en el equilibrio de fuerzas intersistémicas e intrasistémicas, que normalmente existe cuando uno habla de sí mismo con otra persona. “Al pedirle al paciente que siga la regla fundamental, esperamos que deje de lado las funciones yoicas relacionadas con la comprensión de sí mismo. Las resistencias provienen precisamente de la dificultad que los pacientes experimentan para eliminar estas funciones” (Loewenstein 1963, p. 463), lo cual refleja cómo algunos pacientes, comprensiblemente, se rebelan ante la exigencia de expresar pensamientos aparentemente sin sentido o inconexos. Ernst Kris (1950), Loewenstein (1951, 1963), Leo Stone (1961) y otros escriben sobre la actualidad del encuadre analítico , el cual contribuye de una manera específica a la asociación libre y a otras conductas y experiencias del paciente. Entre sus componentes, los más importantes son los requisitos que rodean la regla fundamental. Las peculiaridades radicales del encuadre analítico apuntan a una limitación parcial de la acción y de la percepción de la realidad externa con el fin de inducir procesos de autoobservación, desplazamiento y proyección; es decir, una disminución temporal de la prueba de realidad. “Y el requisito, además, de limitar la censura y aun así verbalizar, contar todas las autoobservaciones resultantes a otra persona, hace que los procesos psíquicos del analizado sean diferentes de cualquier otra cosa en su vida” (Loewenstein 1963, p. 458). Loewenstein coincide con Kris en que es algo vagamente cierto que los fenómenos psíquicos resultantes sean similares al estado onírico. El proceso implicado en la asociación libre no tiene el carácter solitario o de cumplimiento de deseo del sueño. Incluye el mantener una comunicación verbal con
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