Diccionario enciclopédico de psicoanálisis de la API

Volver a la tabla de contenido

cada vez más restrictivos y un control del comportamiento en los años posteriores. La naturaleza vertical y jerárquica de la mayoría de las relaciones japonesas es omnipresente. De hecho, el fenómeno es ampliamente aceptado y ha sido estudiado por antropólogos culturales como Ruth Benedict (1946) y el historiador Edwin O. Reischauer (1977), y articulado con más precisión por Chie Nakane, la antropóloga japonesa más reconocida fuera de Japón (1970). Las características mencionadas anteriormente se encuentran conectadas y entrelazadas con el concepto de amae y son la consecuencia cultural y psicológica de cuatro siglos de sistema feudal, con una estratificación muy rígida de la clase política y socioeconómica. La modernización no llegó a Japón hasta finales del siglo XIX con la influencia de occidente, y se aceleró después de la Segunda Guerra Mundial con la creación de nuevas instituciones democráticas del gobierno y cambios sociales significativos en la vida pública con respecto a la política, la economía y la tecnología. Sin embargo, en la psicología japonesa contemporánea, aunque sea en un segundo plano, prevalecen los valores y características de la cultura tradicional. Reischauer (1977) señala la capacidad de los japoneses de adaptarse al cambio y examina las muchas similitudes humanas que existen entre oriente y occidente. Dean C. Barlund (1975), en un análisis cultural comparativo entre los Estados Unidos y Japón sobre el apego a los valores culturales transmitidos como normativos en una sociedad, se refiere a amae como aquello que representa el “inconsciente cultural”. La práctica de la crianza del niño es crucial para entender amae desde este punto de vista, puesto que proporciona una cercanía física contante y un comportamiento atento, indulgente y empático por parte de la madre y otros cuidadores del entorno del niño. Debido al espacio limitado de la isla, la proximidad de otras personas y la necesidad de vivir en la vecindad es una condición de la vida en Japón. Esto no sólo vale para la familia, sino que también incluye a los vecinos y la comunidad circundante, cuyos miembros le son presentados al niño desde muy temprano. A un adulto de la vecindad se le llama oji-san , tío, o oba-san , tía, y los niños mayores son llamados onei- san , hermana mayor, o onii-san , hermano mayor. Todos ellos son potenciales cuidadores del niño, cosa que le aporta una sensación de seguridad por el hecho de pertenecer a un grupo. Alan Roland (1991) contrastó el concepto de “yo familiar” que predomina en la psique japonesa, conectado a las sutiles relaciones jerárquicas emocionales de la familia y el grupo, con el “yo individualizado” occidental. Reischauer (1977) observa que los japoneses no están tan apegados a la familia como tal, sino a los grupos que los rodean. Esto, de hecho, podría sugerir un “yo grupal” que el niño identifica e internaliza desde muy temprano. La celebración del ritual tradicional japonés, Hichi-Go-San , ilustra muy bien esta dinámica. Se celebra a los niños de edades de 2 a 3, 4 a 5 y 6 a 7 años vistiéndolos con trajes tradicionales y llevándolos al templo local de la comunidad. Durante la celebración colectiva, se les regalan dulces y juguetes para marcar el pasaje de la infancia.

5

Made with FlippingBook - Online magazine maker