Diccionario enciclopédico de psicoanálisis de la API

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conflicto, de un deseo inconsciente”. Sin embargo, en un sentido más restringido, se refiere al “modo de representación caracterizado principalmente por la constancia de la relación entre el símbolo y lo simbolizado inconsciente, comprobándose dicha constancia no solamente en el mismo individuo y de un individuo a otro, sino también en los más diversos terrenos (mito, religión, folklore, lenguaje, etc.) y en las áreas culturales más alejadas entre sí” (p. 406). La palabra misma proviene del griego symbolon , un objeto, normalmente una tablilla de arcilla, que, al ser partida en dos, cada mitad era conservada por dos personas o dos partes. De esta manera, representaba un pacto durante los períodos de ausencia que, al reencontrarse y encajar las piezas, se convertía en signo de reconocimiento de su relación. Es, por tanto, el vínculo entre dos objetos lo que crea su significado, en el cual el símbolo y lo simbolizado no son lo mismo. Esto también implica un reconocimiento de la separación entre el objeto y el sujeto (Klein 1930; Segal 1957). La “Enciclopedia internacional de psicoanálisis de Edimburgo” de Skelton (2006), define la simbolización en sentido amplio como “la producción de sentido, tal como ocurre en el arte y la creatividad”. En psicoanálisis se describen tres niveles de simbolización: 1. incipiente; 2. discursivo y 3. simbolización del conflicto dinámico. El “Diccionario internacional de psicoanálisis” de Alain de Mijolla (2005) contiene la entrada “simbolización”, redactada por Alain Gibeault, quien la define como: “La operación mediante la cual, para algunos, una cosa representa a otra. Aparece, entonces, como la sustitución de un objeto por otro, pero es, por encima de todo, el resultado de un proceso que presupone tanto la capacidad de representar un objeto ausente como la existencia de un sujeto capaz de saber que el símbolo no es el objeto simbolizado.” (p. 1765) Otra tendencia destacada entre los teóricos norteamericanos y europeos (Neubauer 1987, 1990, 2000; Piaget 1936; Lacan 1966; Winnicott 1953; Kristeva 1974/1984; Modell 1970; Loewald 1988), algunos de los cuales también interesados por la lingüística y la filosofía, fue la conceptualización del empleo de la simbolización como un ejemplo del tipo de comunicación que habitualmente se desarrolla entre madre e hijo para promover el lenguaje y, de este modo, facilitar la representación simbólica y, posteriormente, la verbalización de estados internos complejos. Los detalles de dichos desarrollos se abordarán en las siguientes secciones. En ausencia de una entrada sobre “simbolización” en el reciente diccionario psicoanalítico latinoamericano (Borenzstejn et al. 2014), en América Latina la simbolización se entiende en términos generales como un concepto utilizado en los cuerpos teóricos de diversas disciplinas. Sin embargo, lo que es propio y exclusivo del psicoanálisis es el énfasis en el inconsciente y las dimensiones procesuales de la simbolización; es decir, se concibe la simbolización como un proceso que forma parte del desarrollo normal, que avanza desde una etapa presimbólica al

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