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manifiesto del sueño. Freud (1900) revisó el capítulo sobre el simbolismo más que cualquier otra sección de “La interpretación de los sueños”. La primera edición contiene una crítica al antiguo método de interpretación de los sueños, basado en “símbolos fijos”, al tiempo que reconoce ciertas similitudes con sus propias interpretaciones individualizadas, orientadas a discernir el significado particular de cada sueño teniendo en cuenta las asociaciones libres del soñante. Al mismo tiempo, reconoce la importancia de las representaciones figurativas que son comprensibles sin necesidad de asociación alguna. Señala la existencia de “sueños típicos”, en los que un conflicto o un deseo se expresa de forma similar independientemente del soñante individual. El capítulo sobre los “sueños típicos” fue objeto de varias ampliaciones entre 1900 y 1911, muchas de las cuales fueron posteriormente incorporadas al capítulo “La representación por símbolos” de la cuarta edición de 1914. De este modo, Freud reconoció tanto la universalidad como la especificidad individual del simbolismo inconsciente: al referirse a la universalidad del simbolismo inconsciente, Freud señaló que a menudo no existen asociaciones para los símbolos, ni siquiera son necesarias las asociaciones para la interpretación analítica de las expresiones simbólicas. Los sueños y las fantasías emplean símbolos ya presentes en el pensamiento inconsciente debido a su capacidad de representación y a su eficacia para eludir la censura. Sin embargo, junto con su carácter universal, la ambigüedad y determinación del simbolismo inconsciente es un indicador de múltiples significados posibles de las representaciones simbólicas. Ya en la segunda edición de 1909 de “La interpretación de los sueños”, Freud afirma: “…que este simbolismo no pertenece exclusivamente al sueño, sino que es característico del representar inconsciente, …y se nos muestra en el folklore, los mitos, las fábulas, los modismos, los proverbios y los chistes corrientes de un pueblo, mucho más amplia y completamente aún que en el sueño” (1900, 1909 ed., p. 351). En el capítulo “La representación por símbolos” de la cuarta edición de 1914, sostiene que muchos símbolos poseen un significado relativamente fijo y son casi universales, con escasas variaciones entre individuos y culturas. Son dados y no formados, y sus raíces pueden hallarse en el pasado arcaico (individual y filogenético). En este caso también expande la cita anterior de la edición de 1909, donde afirma que los símbolos aparecen no solo en sueños, sino también en los mitos, el folclore y la religión. En toda su obra, mantiene la afirmación de la segunda edición de 1909 sobre la importancia tanto de los símbolos universales como de los específicamente individuales y de su potencial multiplicidad de sentidos en la interpretación de los sueños, advirtiendo “de manera expresa que no debe exagerarse la importancia de los símbolos para la interpretación del sueño, como si el trabajo de traducir este hubiera de limitarse a la traducción de símbolos, desechando la técnica que recurre a las ocurrencias del soñante”. Sostiene que “[l]as dos técnicas de interpretación de los sueños deben
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