Diccionario enciclopédico de psicoanálisis de la API

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complementarse; pero tanto en la práctica como en la teoría la precedencia sigue correspondiendo al procedimiento que… atribuye la importancia decisiva a las preferencias del soñante, viniéndose a agregar como medio auxiliar la traducción de símbolos que acabamos de introducir” (Freud 1900, 2 a ed. 1909, p. 359 [365]). Para reforzar este punto, en la cuarta edición de 1914, Freud advierte: “Así, pues, los elementos simbólicos del contenido manifiesto nos obligan a emplear una técnica combinada que se apoya, por un lado, en las asociaciones del sujeto, y completa, por otro, la interpretación con el conocimiento que el interpretador posee del simbolismo” (Freud 1900 4 a ed., p. 353). Los símbolos inconscientes, que pueden entenderse como una formación de compromiso desde el punto de vista del deseo pulsional y del inicio de una postergación impuesta o de una satisfacción simbólica, no tienen como fin comunicar. Sin embargo, las asociaciones libres (y la comprensión de las leyes de los mecanismos del proceso primario) frente a la ocultación impuesta por la censura pueden conducir a la revelación de los deseos inaceptables (no aptos para la comunicación) que se hallan detrás de los símbolos. Así, para Freud, junto con los sueños, las expresiones simbólicas inconscientes de cualquier tipo permitían el acceso a los conflictos y fantasías inconscientes, por lo que se convirtieron en una de las principales vías para la construcción de la interpretación desde los inicios del psicoanálisis. Este aspecto de ocultación/revelación del simbolismo psicoanalítico sería elaborado posteriormente en los escritos ulteriores de Freud. En el texto de 1901, “Psicopatología de la vida cotidiana”, Freud establece una noción radical de continuidad entre la enfermedad neurótica y la salud que amplía el alcance de la conceptualización de las representaciones simbólicas desde los sueños y las neurosis hasta el funcionamiento psíquico cotidiano de individuos relativamente sanos, en cuyas parapraxias del habla oral o escrita y en las supuestas “acciones casuales” (p. 187 [188]) las fantasías y los deseos encuentran expresiones simbólicas indirectas. Redes entramadas e individualizadas de sustituciones simbólicas, que operan a través de mecanismos psíquicos similares a los presentes en los sueños y las neurosis, como la represión y la formación reactiva, se ejemplifican aquí en una amplia variedad de actividades “cotidianas” de la vida íntima, social, recreativa y profesional. Además de ofrecer nuevas ejemplificaciones del determinismo psíquico y del método de la asociación libre, este texto amplía el espectro de ámbitos socioculturales que puede cubrir la teoría del simbolismo, incluyendo la representación simbólica, la sustitución, la expresión y el significado (Freud 1905, 1907, 1910a, 1910b, 1913a, 1913b, 1919b, 1932, 1939). En 1910, Freud añadió dos ensayos que implican directa o indirectamente el simbolismo: En “Un recuerdo infantil de Leonardo da Vinci”, Freud (1910a) expuso de manera exhaustiva su primera conceptualización del recorrido que el simbolismo psicoanalítico emprende hacia la sublimación artística.

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