Diccionario enciclopédico de psicoanálisis de la API

Volver a la tabla de contenido

comparación una vez que le ha sido presentada.” (Freud 1916, p. 152 [139], énfasis en el original). En “Más allá del principio del placer” (Freud 1920), Freud relató la historia de un juego que su nieto inventó a la edad de un año y medio, como ejemplo de una expresión simbólica temprana y de intento de dominio sobre un estado psíquico complejo. Este enactment -juego (proto)simbólico de la desaparición y el retorno de la madre del niño se manifestó en las etapas iniciales del desarrollo del lenguaje, de las representaciones mentales y de la actividad simbólica, que actuaban conjuntamente para que el niño fuera capaz de expresar su mundo interior en una forma dotada de sentido y comprensible para quienes lo conocían. En concreto, Freud (1920, pp. 14-17) describió un juego en el que el bebé sostenía un carrete de madera por un hilo y lo lanzaba por el borde de su cuna con cortinas de modo que desaparecía en su interior, emitiendo al mismo tiempo un sonido “o-o-o-o” (que significaba “se fue” [del alemán, “ fort ”]). Luego volvía a sacar el carrete de la cuna tirando del hilo y saludaba su reaparición con un jubiloso “ahí está” (del alemán, “ da ”). En esto consistía, pues, el juego completo: desaparición y retorno. Freud observó, además, en un estudio muy temprano que relacionaba el espejo con la diferenciación sujeto-objeto y la formación de la identidad, que el niño también se aplicaba el juego a sí mismo. Era capaz de hacerse desaparecer y reaparecer en el espejo –como en el equivalente verbal del “bebé se fue–, representando así la pérdida controlada de su propia imagen especular. Tres formas interrelacionadas de juego infantil ilustran la complejidad de las observaciones e ideas de Freud en torno al “juego” del bebé de 18 meses: el juego con un objeto, el juego con imágenes especulares y el juego fonético con sonidos que Freud reconoció como símbolos lingüísticos antitéticos. Desde este punto de vista, las observaciones de Freud sobre el juego simbólico con el espejo prefiguran los conceptos de identidad e individuación en el contexto del narcisismo infantil y las relaciones objetales. Blum infiere distintos procesos simbólicos y representacionales cuando afirma: “La madre no está conscientemente simbolizada en el juego del carrete, pero el juguete puede considerarse un símbolo de la madre coherente con la evolución del juego simbólico durante el proceso de separación-individuación. El símbolo en sí mismo se convierte en una ‘presencia’ mental sustituta de lo que ha sido reprimido. La antítesis dualista de presencia y ausencia que delineó Freud también puede vincularse tanto al objeto primario como al sí mismo en el triple juego con el juguete, el espejo y las palabras” (Blum 1978, pp. 462-463). No carecen de relación con esta dualidad conceptualizaciones posteriores en torno al tipo de comprensión y comunicación que, en circunstancias óptimas, se desarrolla entre madre e hijo para facilitar la representación simbólica y la ulterior verbalización de estados interiores complejos (Neubauer 1987, 1990, 2000; Piaget 1936; Lacan 1966; Winnicott 1953; Modell 1970).

837

Made with FlippingBook - Online magazine maker