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III. Aa. Contribución de Melanie Klein y los kleinianos III. Aaa. Melanie Klein
Klein (1926a, b; 1929a, b; 1930a, b, c) realizó una contribución significativa a la comprensión del papel del simbolismo en la sublimación. Al elaborar las conceptualizaciones de Abraham, Ferenczi y Jones sobre los procesos simbólicos y el simbolismo, Melanie Klein llegó a la conclusión de que el simbolismo es el fundamento de toda sublimación y de todo talento, ya que es a través de la ecuación simbólica que las cosas, las actividades y los intereses se convierten en objeto de las fantasías libidinales, tornándose así en núcleo de la sublimación y la creatividad exitosas. En cuanto a la relación entre sublimación y simbolización, Klein siguió especialmente la sugerencia de Abraham (1911b) de que la sublimación y la representación simbólica del conflicto interno pueden tener tanto una función defensiva como una función reparadora. Más cercana a Abraham que a Jones, escribió: “…el simbolismo es el fundamento de toda sublimación y de todo talento… el simbolismo no solo constituye el fundamento de toda fantasía y sublimación, sino que sobre él se construye también la relación del sujeto con el mundo exterior y con la realidad en general” (Klein 1930b, pp. 220-224). De este modo, la función simbólica está estrechamente vinculada con el reconocimiento de las realidades externas e internas en la posición depresiva, así como con la capacidad de duelo. La conceptualización kleiniana de la formación de símbolos se originó en su trabajo como analista de niños gravemente perturbados. Muy pronto advirtió el valor simbólico del juego infantil y, sobre esta base, desarrolló su técnica de análisis mediante el juego. Comprendía el juego de los niños del mismo modo en que abordaba la interpretación de los sueños: como una representación simbólica de deseos, fantasías y conflictos a través del mismo “modo de expresión adquirido filogenéticamente” (Klein 1926b, p. 134). Esta idea no le habría resultado del todo ajena a Freud al analizar el juego del fort-da de su nieto, quien arrojaba y luego recuperaba el carrete de hilo desde su cuna. Freud interpretó esto como una representación simbólica y un intento de dominar la dolorosa ausencia de la madre del niño. Sin embargo, Freud no desarrolló teóricamente la idea del valor simbólico del juego infantil. Klein, menos comprometida con la teoría económica freudiana de la energía psíquica, consideraba que, si bien el juego infantil implicaba una descarga muscular de energía, esto no lo hacía menos simbólico que las palabras. Veía así la fantasía no como una alternativa a la acción corporal, sino como algo que transcurre en paralelo a ella. En su opinión, era la fantasía la que producía la descarga física a través de la acción. Entendía el juego como una expresión simbólica de los conflictos, deseos y fantasías inconscientes subyacentes. A Klein le interesaban particularmente las inhibiciones intelectuales de los niños y las veía como inhibiciones del funcionamiento simbólico, en las que la agresión
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