Diccionario enciclopédico de psicoanálisis de la API

Volver a la tabla de contenido

generadora de angustia y culpa desempeña un papel central. Para Klein, es la angustia y la culpa derivadas de la agresión las que conducen a un desplazamiento del instinto epistemofílico hacia otros objetos, otorgando así significado simbólico al mundo. En su trabajo final sobre el tema, “La importancia de la formación de símbolos en el desarrollo del yo” (1930a, b, c), describe a Dick, un niño autista de cuatro años que mostraba escasa o ninguna angustia ni interés por el mundo exterior, salvo por las manijas de las puertas, los trenes y las estaciones. Klein comprendió que su joven paciente temía sus ataques agresivos contra el cuerpo de su madre y su contenido (el pecho, los bebés y el pene del padre), y había erigido poderosas defensas contra estos ataques fantaseados: “El exceso de sadismo despierta angustia y moviliza los mecanismos de defensa más primitivos del yo… En relación con el sadismo del sujeto, la defensa implica expulsión, mientras que en relación con el objeto atacado implica destrucción.” (Klein 1930a, p. 25; 1930b, p. 219; 1930c, p. 210). El sadismo dirigido hacia el objeto destruye el objeto, que ahora es percibido por el yo como un perseguidor potencial y, por ello, teme su represalia. Los obstáculos para el simbolismo pueden surgir cuando se emplean defensas más primitivas basadas en la escisión, la fragmentación y la identificación proyectiva. Esto puede ocurrir en el contexto de déficits del desarrollo, trauma y soluciones psicóticas o narcisistas. Fue Klein quien vinculó la capacidad de formación de símbolos con el reconocimiento de la realidad (especialmente la separación del objeto) en la posición depresiva. La dificultad para tolerar las angustias depresivas está relacionada con el reconocimiento tanto de los impulsos destructivos (hostiles) como amorosos hacia el objeto, así como con la complejidad del objeto, que no está ni idealizado ni denigrado –ni es exclusivamente bueno ni totalmente malo. (En términos del desarrollo, el bebé que depende del objeto se enfrenta así a una persona con sus propias necesidades y vulnerabilidades). El mantenimiento de la escisión defensiva como defensa contra las angustias paranoides, así como las defensas maníacas, obstruyen la verdadera formación de símbolos. Pueden emplearse entonces defensas omnipotentes en las que se pierde el matiz y la fantasía se equipara con la realidad. En términos generales, Klein consideraba los símbolos como representaciones de la fantasía inconsciente en forma de derivados del inconsciente. Describió la capacidad de simbolizar los sentimientos inconscientes aterradores y sádico-agresivos hacia el objeto como un paso importante en el desarrollo del yo. Describió dos procesos en el uso de los símbolos: la escisión y la identificación proyectiva. Los analistas latinoamericanos prestan especial atención a cómo, en la teorización de Klein, el proceso de desplazamiento se convierte en la base de la simbolización: a través de sus proyecciones masivas, la analista (Klein) quedó impregnada de los objetos parciales peligrosos de Dick (orina venenosa, heces, pene malo), mientras que la mente del propio Dick parecía vaciarse. Klein afirmó que el sadismo se activa en cada una de las distintas fuentes de placer libidinal. Con respecto a la fase sádico-oral, describió fantasías en las que se ataca el cuerpo de la madre, el cual contiene bebés y también el pene del padre. Propuso que Dick deseaba destruir –

848

Made with FlippingBook - Online magazine maker