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sádicamente– un objeto que representa el pene. Este objeto se vuelve persecutorio, llevando al niño a desplazarlo hacia otros objetos. Klein teoriza entonces que este desplazamiento de un objeto a otro es el origen de la simbolización . En “La importancia de la formación de símbolos en el desarrollo del yo” (Klein 1930a), retoma su conclusión previa de que “el simbolismo es el fundamento de toda sublimación y de todo talento, ya que es a través de la ecuación simbólica que cosas, actividades e intereses se convierten en tema las fantasías libidinales.” (1930a, p. 25). A través de la “ecuación simbólica”, en la que los órganos sexuales pasan a representar los objetos, y dado que el niño desea destruir estos órganos (pene, vagina, pecho), desarrolla un temor hacia estos últimos (1930b, p. 220). Esta angustia contribuye a que el niño “equipare dichos órganos con otras cosas”, las cuales, a raíz de esta ecuación, se convierten a su vez en objetos de angustia, “y así el niño se siente constantemente impulsado a hacer nuevas ecuaciones que constituyen la base de su interés en los nuevos objetos, y del simbolismo” (1930a, pp. 25-26; 1930b, p. 220). Asimismo, para Klein: “Una cantidad suficiente de ansiedad es una base necesaria para la abundante formación de símbolos y fantasías; para que la angustia pueda ser satisfactoriamente elaborada, para que esta fase fundamental tenga un desenlace favorable y para que el yo pueda desarrollarse con éxito, es esencial que el yo tenga adecuada capacidad para tolerar la angustia.” (Klein 1930a, p. 26; 1930b, p. 221), o, en la versión latinoamericana, traduciendo anxiety (ansiedad) como “angustia”, “una cantidad suficiente de angustia es una base necesaria para la abundante formación de símbolos y fantasías” (1930c, p. 211), y para permanecer en contacto con la realidad. Sin embargo, el exceso de “angustia” –que surge, por ejemplo, como resultado del sadismo oral– conduce al efecto contrario: el yo detiene su desarrollo y se retira de la realidad, interrumpiendo la formación de símbolos. Este exceso de angustia constituye entonces un impedimento para interactuar con la realidad. En consecuencia, en la terapia analítica de juego, el analista interpreta, nombra y pone palabras a estas fantasías arcaicas, con el objetivo de reducir la magnitud de las ansiedades, aliviando así dicha angustia y sufrimiento. El principio fundamental para Klein es que lo que los niños juegan y hacen durante sus sesiones analíticas representa, ante todo, ataques al vientre materno y al coito parental, que es percibido por el niño como sádico. Los analistas norteamericanos (Lew Aron 1995) destacan la importancia del desarrollo de la formulación de Klein (1929a, b) y, posteriormente, de Britton (1989) sobre la fantasía de una figura parental combinada, que precede a la simbolización. La figura parental combinada representa una fusión de elementos (es decir, objetos parciales) cuyas cualidades no están claramente diferenciadas y cuya unión produce una sensación de caos. Las fantasías que constituyen las figuras parentales combinadas se transforman a medida que el niño desarrolla la capacidad para las relaciones de objeto-total y establece un sentido separado de sí mismo con capacidad para la simbolización. A
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