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medida que los niños pasan de funcionar predominantemente en el modo esquizoparanoide a funcionar predominantemente en el modo depresivo, el imago interno de la figura parental combinada se transforma en la imagen de los padres como objetos-totales separados en una interacción mutuamente gratificante. Ahora, con un sentido de sí mismos como seres separados y con la capacidad para el pensamiento simbólico, los niños pueden elaborar el conjunto de fantasías que constituye la escena primaria. III. Aab. Hanna Segal (y la elaboración contemporánea de Sánchez) Segal (1950, 1957, 1979) realizó una contribución significativa al describir la fusión entre el símbolo y su referente como una ecuación simbólica . Indicó que la no diferenciación entre la cosa simbolizada y el símbolo representaba una perturbación en las relaciones objetales y una fijación al pensamiento concreto. Los propios símbolos son experimentados y utilizados de manera concreta y no están al alcance para fines comunicativos. Si bien tanto Ferenczi (1912) como Jones (1916) habían reconocido previamente el fenómeno y Klein (1930) había utilizado el término, fue Segal (1950, 1957) quien le otorgó una precisión conceptual enriquecida y proporcionó ilustraciones clínicas de cómo un objeto y otro objeto que lo representa simbólicamente llegan a ser uno y el mismo en la mente de un psicótico. Describió la “ecuación simbólica” como parte de una perturbación de la relación yoica con el mundo objetal, implicando la forma patológica del mecanismo de identificación proyectiva, cuando escribió: “Partes del yo y objetos internos son proyectados en un objeto e identificados con él. La diferenciación entre el sí mismo [del inglés, self ] y el objeto queda oscurecida” (Segal 1957, p. 393). Vale la pena señalar que Segal, al igual que Klein, utiliza los términos “simbolizar” y “proceso de formación de símbolos” de manera intercambiable. Por otro lado, Segal se apoya en el concepto kleiniano de identificación proyectiva (ver la entrada IDENTIFICACIÓN PROYECTIVA), para escribir su ya clásico artículo “Notas sobre la formación de símbolos” (1957). En él, Segal establece la distinción entre el símbolo verdadero y lo que denominó ecuación simbólica , diferenciando así dos formas de formación de símbolos. Para Segal, el simbolismo verdadero es una representación simbólica en la que el símbolo representa al objeto pero no se equipara totalmente con él, mientras que en la ecuación simbólica el símbolo queda tan equiparado con el objeto simbolizado que la distinción entre ambos se pierde. Ofrece el ejemplo de dos pacientes. El primero, un paciente psicótico que había dejado de tocar el violín, al ser preguntado por qué había dejado de hacerlo, respondió con enojo que se esperaba de él que “…se masturbara en público”. En cambio, un paciente analítico que tenía sueños sobre tocar el violín reveló también, a través de sus asociaciones, un vínculo inconsciente con la masturbación; sin embargo, esto no
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