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interfería con su actividad sublimatoria de tocar el violín. En el primer ejemplo, el de la ecuación simbólica que subyace a las formas concretas de pensamiento psicótico, el símbolo y el objeto están completamente equiparados. En el segundo, el del símbolo propiamente dicho, el símbolo representa al objeto pero no se equipara completamente con él. En otras palabras, el primer paciente –diagnosticado con esquizofrenia– consideraba que tocar el violín en público equivalía a masturbarse en público. El segundo paciente soñaba que tocar el violín estaba asociado con actividades masturbatorias; representaba una fantasía masturbatoria. Segal señaló que el hecho importante no era que en el primer ejemplo el contenido fuera consciente y en el segundo fuera una fantasía inconsciente, sino que en la primera situación el violín es el genital, mientras que en la segunda lo representa . Esta forma concreta de simbolización no solo aparece en los modos psicóticos de pensamiento, sino que también subyace a muchas inhibiciones creativas. En su raíz se encuentra el duelo patológico. Para Segal, si la persona perdida es sentida como un objeto concreto en el interior , el duelo normal no es posible. Solo si el objeto interno puede ser introyectado simbólicamente puede tener lugar la reparación interna, permitiendo que se elabore el duelo. Los dos modos de simbolismo están también vinculados a dos modos de funcionamiento psíquico dentro del esquema kleiniano: las posiciones esquizoparanoide y depresiva. El simbolismo concreto (ecuación simbólica), que en sentido estricto no es simbolismo propiamente dicho, surge cuando prevalece la identificación proyectiva, ya que el simbolismo requiere de tres elementos: el símbolo, el objeto que está siendo simbolizado y la persona que reconoce el símbolo como símbolo del objeto. Una condición para ello es el reconocimiento de la separacio´n del objeto. Si una parte del yo está completa o casi completamente identificada con el objeto, los límites se pierden: parte del yo se confunde con el objeto, mientras que el símbolo se confunde con lo que está siendo simbolizado. Solo con la entrada en la posición depresiva pueden reconocerse la separación y la pérdida, permitiendo que surja la verdadera simbolización. Así, los símbolos se utilizan para superar la pérdida de un objeto, mientras que las ecuaciones simbólicas parecen negar dicha pérdida. El símbolo verdadero es entonces un precipitado de un objeto elaborado en duelo que representa al objeto y, como creación del sujeto, puede ser utilizado libre y creativamente. Por lo tanto, la capacidad de hacer duelo y reconocer la pérdida es otra condición que debe cumplirse cuando hablamos de un símbolo verdadero. Desde el punto de vista del desarrollo, Segal considera que la formación de símbolos comienza muy temprano en la vida, probablemente tan pronto como emerge la relación de objeto. Para el yo temprano, no existe distinción entre los primeros símbolos y los objetos originales. Para ella, esta es la ecuación simbólica normativamente propia del desarrollo; la ecuación simbólica desarrolla su carácter y sus funciones de manera paralela a los cambios en la organización yoica y de las
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