Diccionario enciclopédico de psicoanálisis de la API

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relaciones objetales. Así, tanto el contenido del símbolo como el modo en que los símbolos se forman y se utilizan reflejan el estado del desarrollo del yo y su manera de relacionarse con sus objetos. Si el simbolismo es concebido como una relación de tres términos –el yo, el símbolo y la cosa simbolizada–, entonces los problemas en la formación de símbolos deben ser examinados en el contexto de la relación yoica con sus objetos. Hanna Segal (1957) contribuyó significativamente a precisar la teorización y la diferenciación entre la ecuación simbólica y la simbolización de Melanie Klein: “Quisiera en este punto resumir lo que entiendo por los términos ‘ecuación simbólica’ y ‘símbolo’ respectivamente, y las condiciones bajo las que se presentan. En la ecuación simbólica, el sustituto simbólico es experimentado como el objeto original. Las propiedades del sustituto no son reconocidas ni admitidas. La ecuación simbólica se utiliza para negar la ausencia del objeto ideal o para controlar uno persecutorio. Pertenece a las etapas más tempranas del desarrollo” (p. 395). Segal considera que, mientras la ecuación simbólica pertenece a la posición esquizoparanoide, el símbolo corresponde a la posición depresiva. Solo el símbolo creado para hacer frente a la pérdida está disponible para la formación del yo. “El símbolo propiamente dicho, disponible para la sublimación y para promover el desarrollo del yo, se experimenta como representante del objeto; sus propias características son reconocidas, respetadas y utilizadas. Surge cuando los sentimientos depresivos predominan sobre los esquizoparanoides, cuando la separación del objeto, la ambivalencia, la culpa y la pérdida pueden ser experimentadas y toleradas. El símbolo se utiliza no para negar, sino para superar la pérdida. Cuando el mecanismo de identificación proyectiva es utilizado como mecanismo de defensa contra las ansiedades depresivas, los símbolos ya formados y que funcionan como símbolos pueden revertir a ecuaciones simbólicas” (p. 395). Antonio Pérez-Sánchez ha revisado la evolución de las ideas de Segal sobre la simbolización (Pérez-Sánchez 2018). Si bien Segal continuó sosteniendo que la identificación proyectiva estaba en la raíz de la formación de símbolos (Segal 1957), tiempo después (1998), al hacer referencia a la distinción cualitativa de Bion (1957) entre la identificación proyectiva psicótica y la benigna, añadió la importancia de la naturaleza de la relación entre lo que es proyectado y el objeto sobre el que se proyecta. Pérez-Sánchez extiende esta línea de teorización utilizando el modelo bioniano de continente-contenido –si lo que es proyectado es adecuadamente contenido y devuelto. Esta línea de la teorización de Segal (y de Pérez-Sánchez) abre la posibilidad de ayudar al paciente: si el analista opera como un objeto diferente de los objetos internos proyectados, de modo que lo proyectado pueda ser contenido, se abre una relación de interacción comunicativa mutua, y es posible entonces restablecer la capacidad de formar símbolos de una manera más compleja que la de la ecuación simbólica. (Pérez- Sánchez 2018, pp. 128-134).

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