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de recibir y transformar los elementos beta del infante (datos sensoriales en bruto) en pensamientos con significado (elementos alfa), un aspecto de la función contenedora. Para Bion, el pensamiento simbólico se hace posible cuando se cumplen dos factores básicos: primero, la capacidad del infante de tolerar la frustración durante la ausencia del objeto; y segundo, la capacidad de la madre de contener las identificaciones proyectivas del infante. La formación de símbolos queda así desencadenada por la ausencia y la separación, al tiempo que hace posible dicha separación. A través de experiencias repetidas de contención materna exitosa, el infante va incorporando gradualmente estos elementos alfa transformados, dotando así al mundo de significado, mientras internaliza también la función contenedora de la madre, lo que le permite tolerar períodos más prolongados de frustración. Cuando se logran vincular las imágenes y los significados de manera creativa, se producen representaciones simbólicas complejas. Bion (1992) asoció estos procesos dinámicos con el soñar ( dream-work-alpha ), que continúa incluso durante el estado de vigilia. Bion (1957) escribe también sobre los ideogramas como una forma más arcaica de simbolismo, que representa significados y asociaciones complejas como una imagen o idea única –no muy diferente de la técnica freudiana de análisis de los sueños cuando se exploran asociaciones complejas. Además, estos procesos conducen a la diferenciación de la mente en consciente e inconsciente cuando se forma una barrera de contacto semipermeable a partir de elementos alfa, que habilita mecanismos de represión en lugar de expulsión. En los desarrollos posteriores de sus ideas, los procesos de transformación desempeñan un papel crucial en la producción de representaciones (versiones simbólicas) de la realidad última. De este modo, los significados y las representaciones más concretos son experimentados y conceptualizados dentro de un contexto interpersonal. Sin embargo, Bion enfatiza el hecho de que las transformaciones subsiguientes, al adquirir formas más simbólicas y abstractas, son solo aproximaciones imperfectas de la realidad psíquica. Describió una constelación particular de relaciones objetales internas con la presencia de un superyó severo e implacable. Para Bion, el superyó destructivo del yo excluye los procesos de vinculación y pensamiento, conduciendo a la pérdida de la capacidad de crear significado y representación simbólica (consecuencia de la falta de contención y la identificación proyectiva excesiva por parte del objeto primario, tal como se describió anteriormente). El fracaso del simbolismo conduce a la concretización del pensamiento y al enactment . Donald Meltzer (1984) elabora las nociones bionianas de la función alfa y la vinculación ( linking ), las cuales ofrecen la posibilidad de crear significados a partir de la experiencia psíquica. Al igual que Bion, Meltzer enfatizó que la capacidad de explorar los sueños y la vida psíquica es más importante que las representaciones simbólicas finales en sí mismas (especialmente las discursivas) –lo que implica la capacidad continua de creación de significado propia del soñar. Explora además la importante distinción entre “decirlo” y “querer decirlo”, que considera arraigada en la capacidad del paciente para la formación de símbolos, la cual encuentra en su vida
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