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de simbolizarse. Propuso “que las identificaciones básicas que hacen posible encontrar nuevos objetos, encontrar lo familiar en lo desconocido, requieren la capacidad de tolerar una pérdida temporal del sentido del yo, una renuncia temporal al yo discriminador que se mantiene aparte e intenta ver las cosas objetiva y racionalmente y sin aliños emocionales” (1987, p. 97). En su trabajo con Simon, Milner quedó impresionada por los diferentes tonos que Simon adoptaba hacia ella y hacia los juguetes, y por cómo estos cambiaban a lo largo de la sesión. Al comienzo era intimidante, pero a medida que jugaba con los juguetes, esto cambiaba y le hablaba de manera amistosa y considerada. Ella lo relacionó con su actitud hacia los juguetes, “un medio maleable” exterior a él, pero proporcionado por ella. Al poder usarlos como deseaba, esto parecía posibilitar una relación diferente tanto con ella como consigo mismo. Ello puso de relieve una relación recíproca entre el yo y el entorno como parte del cambio interno. El entorno/analista facilita una unidad inicial necesaria mediante la provisión de un espacio enmarcado y un medio maleable donde no es necesario decidir qué es el yo y qué es el otro; el establecimiento y la conciencia de los objetos por parte del infante precede a cualquier intento de repararlos. La conciencia del mundo externo es en sí misma vista como un proceso creativo, “un complejo intercambio creativo entre lo que viene de adentro y lo que viene de afuera, una compleja alternancia de fusión y separación” (Milner 1950; 2010, p. 171). Abandonar la insistencia en una separación rígida entre el yo y el no-yo en el ámbito que Winnicott denomina “transicional” conduce a la aceptación del yo y el no-yo como coexistentes, y al proceso creativo y sus vínculos con la simbolización como algo nuevo, vivo, que contiene la vida misma, algo que existe por sí mismo. El énfasis en “una manera de funcionar que es esencial si algo nuevo ha de ser creado” (Milner 1987, p. 214) revela que Milner no se ocupa de lo que es simbolizado ni de los deseos inconscientes que lo informan (ibid., p. 214; p. 211). El foco está, más bien, en lo que es creado. Anne Alvarez (1992, 1996) propone que, para Winnicott y Milner, el objeto transicional porta el significado de aquello que todavía no es el otro y que es y no es el yo. En consecuencia, Simon descubrió los límites del yo a través de la libertad que encontró en sus sesiones para explorar las fronteras entre él mismo y Milner. Al ampliar los objetos transicionales de Winnicott, Alvarez exploró identificaciones de naturaleza transicional concernientes al sentido del yo. En esta línea, explora los “estados transicionales” como término para describir “el continuo que va desde las identificaciones proyectivas de tipo ecuación simbólica (en las que el paciente se siente idéntico a una figura ideal heroica), hasta identificaciones simbólicas más maduras, propias de la posición depresiva, en las que existe un respeto por la individualidad tanto del objeto como del yo, y también por sus diferencias…” (1996, p. 381). Retoma su sugerencia anterior de que las áreas intermedias entre estos dos estados implican transiciones potencialmente importantes en el sentido del yo (1992) y subraya que quizás necesitemos estar “tan atentos a las identificaciones de naturaleza
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