Volver a la tabla de contenido
mecanismo inconsciente que lleva al autor a considerar que existe en la psique un “trabajo de simbolización” y un “proceso correlativo” de diferenciación entre “el sujeto” y el “objeto”. Esta manera de ver sitúa en un segundo plano los aspectos culturales y lingüísticos de la simbolización, descartando el simbolismo del tipo “pista para entender los sueños” o los arquetipos junguianos, en favor del estudio de lo que conduce a la aparición de símbolos personales relacionados con el mundo de las representaciones. Esta perspectiva está vinculada a la noción de cambio de objeto: la investidura de la representación de un objeto se transpone a aquello que la simbolizará. Desde este punto de vista, las concepciones teóricas que involucran los procesos de simbolización también han sido expresadas en términos de figuración y figurabilidad. Estos términos derivan de la palabra Darstellbarkeit –figurabilidad, traducida al inglés como representability –, empleada por Freud en La interpretación de los sueños para evocar la transformación de los pensamientos en imágenes en el sueño. Laplanche y Pontalis (1973) definen la representabilidad del siguiente modo: “Exigencia a la que se someten los pensamientos del sueño: experimentan una selección y una transformación que los sitúan en condiciones de ser representados por imágenes, especialmente visuales.” (p. 389 [366]). El resultado es una “figuración” de los pensamientos oníricos. Por ejemplo, la aristocracia puede ser simbolizada en un sueño como una torre alta. La mayoría de los autores franceses que han abordado la cuestión de la simbolización desde el punto de vista psicoanalítico consideran el ejemplo del “juego del carrete”, también conocido como “juego del fort-da ” o de “desaparición-retorno” (Freud 1920, p. 13), como un testimonio del trabajo de simbolización en la psique del niño pequeño. Freud (1920, pp. 13-17) describió un juego en el que el infante sostenía un carrete de madera por un hilo y lo arrojaba por encima del borde de su cuna, de modo que desaparecía, emitiendo al mismo tiempo su expresivo “o-o-o-o”, posiblemente su expresión para “ fort ” (“lejos”). Luego volvía a sacar el carrete de la cuna tirando del hilo y saludaba su reaparición con un jubiloso “ da ” (“ahí está”). Este era, pues, el juego completo: desaparición y retorno. El símbolo creado corresponde a cada elemento del juego. El carrete simboliza a la madre que ha estado ausente; el hilo simboliza el vínculo con ella, un vínculo que se mantiene psíquicamente cuando ella desaparece; este hilo es también el símbolo del poder que el niño querría tener pero no puede ejercer, un poder que haría regresar a su madre; la actividad motora, el gesto de la mano y el brazo del niño que hace desaparecer y reaparecer el carrete, simboliza tanto el rechazo del objeto como el deseo de su retorno; este gesto está acompañado de una vocalización, dos símbolos sonoros, si no verbales: fort y da . Todo un mundo de representaciones combinadas de diversa índole subyace, por tanto, a este juego. La simbolización quedaría así situada como resultado de la constitución de representaciones. La mayoría de los psicoanalistas en Francia siguen esta línea teorizada por Freud. Esto convierte a la simbolización en uno de los tres mecanismos de los procesos primarios del inconsciente, junto con el desplazamiento y la condensación; el simbolismo le parecía a Freud un dato universal,
861
Made with FlippingBook - Online magazine maker