Volver a la tabla de contenido
pero también un modo de desarrollo de la psique. Su visión se aproxima a la sublimación y a la investidura de los objetos transicionales. Jacques Lacan (1966) y sus seguidores en Francia sitúan la simbolización de una manera completamente diferente. Lacan considera la propia noción de simbolización como infundada. En su opinión, no existe ningún movimiento psíquico que cree símbolos: no hay símbolos personales. El “orden simbólico”, tal como Lacan lo define, será encontrado por el niño, puesto que le preexiste. Lo Simbólico es “exterior al hombre” y “ya está allí antes que el sujeto”. La afinidad de Lacan con Jung es notable en este punto. En lugar de hablar de “representación” ( Vorstellung ), Lacan, sirviéndose de su modelo lingüístico, habla de “significante” y afirma que “el significante preexiste al sujeto”. Para Lacan, la representación no es, por tanto, el resultado de un proceso personal de simbolización, sino que deriva del “orden simbólico” que rodea al sujeto. La especificación de su teorización se describe con mayor detalle en la sección dedicada a América Latina, donde es muy influyente. III. Bb. Otras conceptualizaciones francesas: simbolización primaria y secundaria El modelo “diurno” de un proceso basado en la domesticación del impulso habría de mantenerse como mecanismo principal hasta 1915, cuando Freud, en sus ensayos metapsicológicos (1915a, b, c), seguía debatiéndose con lo que denominaba “inscripción en dos lugares”, preguntándose si las inscripciones permanecen en el sistema del que provienen y se interconectan, o si se desplazan de un sistema a otro. Un ejemplo de ello es su formulación de dos hipótesis en pugna en el artículo “Lo inconsciente”: (1) la tesis de un cambio funcional, y (2) la tesis de una inscripción en dos lugares. “Si un acto psíquico (limitémonos aquí a los que son de la naturaleza de una representación) experimenta la trasposición del sistema Inc. al sistema Cc. (o Prcc.), ¿debemos suponer que a ella se liga una fijación nueva, a la manera de una segunda transcripción de la representación correspondiente, la cual entonces puede contenerse también en una nueva localidad psíquica subsistiendo, además, la transcripción originaria, inconsciente? ¿O más bien debemos creer que la transposición consiste en un cambio de estado que se cumple en idéntico material y en la misma localidad?” (Freud 1915a, p. 174 [170]). Sin embargo, una complicación dialéctica y una dificultad clínica en la obra de Freud –que pondrían a la metapsicología en crisis– lo llevaron a introducir un modelo complementario en “Duelo y melancolía”. El impasse de la melancolía confronta, en efecto, una forma de circularidad paradójica: para poder hacer duelo por el objeto, es necesario poder simbolizarlo y preservar una representación interna de él; pero para poder simbolizarlo, es necesario haberlo elaborado en duelo (es decir, el duelo de volver a encontrarlo en “identidad de percepción” para poder conformarse con “identidad de pensamiento”).
862
Made with FlippingBook - Online magazine maker