Diccionario enciclopédico de psicoanálisis de la API

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La representación puede, de hecho, considerarse como la representación de un objeto ausente aceptado, un objeto que no busca a toda costa hacerse presente según el modelo alucinatorio de la “identidad de percepción”; es una “simbolización del objeto ausente” sobre la base de su huella interna (Roussillon 2015). A partir de entonces surge la pregunta sobre las condiciones necesarias para que el sujeto acepte la ausencia del objeto y consienta en comprometerse con el consuelo paliativo de la representación interna del objeto. Aquí es donde aparece la paradoja. Para aceptar que el objeto está ausente, simplemente ausente, sin que su ausencia de la percepción produzca un desarraigo del ser, el sujeto debe tener una representación interna del objeto, de modo que el objeto permanezca presente internamente (y la psique solo tenga que “desprenderse” de la representación interna de la percepción del objeto). Para salir de la paradoja, es necesario postular que el proceso de simbolización que hace tolerable la ausencia del objeto no es el mismo que el que es posibilitado por la ausencia del objeto. Es preciso postular que existe también un modo de simbolización que ocurre “en presencia del objeto”, en el encuentro con él, y no solo en su ausencia; un modo de simbolización que simboliza el modo de presencia del objeto y el modo de encuentro que tiene lugar en dicha presencia. Existen modos de lenguaje basados en la presencia, en el encuentro, que presuponen la presencia para poder establecerse y que están en el origen de modos de simbolización basados en la presencia, como los modos no verbales del lenguaje del período temprano. El modelo del sueño, el de un trabajo de simbolización primaria nocturna, debe por tanto completarse con el modelo de una forma de simbolización primaria diurna y en presencia del objeto. La simbolización no puede seguir siendo considerada simplemente como simbolización de la ausencia, lo que presupone una forma previa de representación basada en la presencia y el modo de encuentro. Es por ello que la hipótesis de una simbolización “primaria” ha sido desarrollada gradualmente en Francia. El término fue introducido por André Green (1970), utilizado posteriormente por Didier Anzieu (1987) y teorizado y desarrollado por René Roussillon (1991, 1997, 2015) y el centro de investigación de la “Bibliothèque D. Anzieu” en Lyon. La clínica psicoanalítica fue incrementando sus investigaciones sobre las formas de simbolización primaria. A medida que la clínica abrió caminos alternativos al trillado mundo de la neurosis, desde los años setenta y ochenta en Francia, las formas de simbolización primaria pasaron a ser características de un funcionamiento psicológico que presenta reliquias arcaicas de experiencias que están o no integradas en el resto del yo. Ya en 1975, Piera Aulagnier , en su exploración de los procesos presentes en el funcionamiento psicótico, propuso el término “pictograma” para definir las primeras formas de este modo de simbolización.

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