Diccionario enciclopédico de psicoanálisis de la API

Volver a la tabla de contenido

El pictograma es una representación que se define por una “indisociabilidad” entre el espacio corporal, el espacio psíquico y el espacio externo, y por una coalescencia entre el afecto y la representación. Aparece como una sensación alucinada siempre vinculada a un fragmento del cuerpo, por debajo de toda diferenciación entre psique y soma. Así, la “figuración corporal” del pictograma puede ser captada a través de su transformación en “figuración escénica” en el registro de la simbolización primaria (Brun y Roussillon 2014). Didier Anzieu (1987), por su parte, propuso el término “significantes formales” para designar procesos, sin sujeto ni objeto, que representan las primeras “sensaciones- formas-movimientos” de las primeras inscripciones psíquicas. Estos procesos conciernen al registro simbólico de la interfaz de los primeros encuentros del bebé humano con su entorno primario. Anzieu señala la relevancia particular de tales “significantes formales” y de los procesos que conllevan para las organizaciones de personalidad límite. Estas conceptualizaciones han sido considerablemente desarrolladas en una serie de coloquios en el centro de investigación “Bibliothèque D. Anzieu” de Lyon, centrados en la exploración de diversas formas de simbolización. Desde el punto de vista del desarrollo, los modos de simbolización primaria dependen de las características y particularidades del funcionamiento psíquico de los primeros dos años de vida humana, que registra ante todo las formas de los primeros vínculos con el objeto, sin una representación precisa ni del sujeto y su lugar ni del objeto. Tales conceptualizaciones son también coherentes con las investigaciones actuales en neurociencia, psicología del desarrollo y estudios clínicos de la primera infancia. La simbolización primaria se ocupa principalmente de la configuración representativa del encuentro, el modo de presencia y el vínculo que se establece a partir de las primeras experiencias del infante durante los primeros años de vida. Esta subyace a las capacidades de simbolización secundaria, que tomará el relevo cuando la reflexividad psíquica pueda ponerse en marcha y el pequeño sea capaz de representar que él/ella representa, o que no representa (Donnet y Green 1973), y pueda acceder a las representaciones guionizadas que caracterizan el lenguaje en la representación-cosa (lenguaje conocido como “lenguaje del sueño” por Freud (1913c, p. 176)) y el lenguaje de las formas no verbales de expresión del niño que abren el acceso a la expresión verbal (ver también Baranés, 2002). Todos estos trabajos enfatizan modos de simbolización que ya no se basan únicamente en la ausencia del objeto, sino que integran en la teoría de la simbolización los modos de encuentro y presencia del objeto, así como la forma de los primeros vínculos que se inscriben en los primeros años de vida. Estos trabajos identifican los procesos que se encuentran en el centro, ya no de lo infantil en el sentido estricto del término, sino de lo que concierne a lo arcaico. Son de considerable importancia en el psicoanálisis francófono, que, principalmente con referencia a Freud, sigue considerando que la práctica psicoanalítica y el análisis de la transferencia no pueden ser concebidos simplemente en el “aquí y ahora” de la sesión, sino que deben mantener

864

Made with FlippingBook - Online magazine maker