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siempre también los testimonios y los rechazos de las experiencias pasadas en el pensamiento latente de la escucha psicoanalítica. Estas cuestiones siguen siendo tema de debate y controversia en la escena psicoanalítica internacional. Queda aún un punto por abordar en la simbolización: el de su relación con la reflexividad. Basándose en “Una teoría del pensamiento” de W.R. Bion (1962), André Green y Jean-Luc Donnet (Donnet y Green 1973) proponen subrayar la importancia no solo de la representación psíquica, sino de la necesidad de una representación de la actividad de representación, o “representación de la representación”, o de su ausencia, “representación de la ausencia de representación”. El concepto enfatiza así la reflexividad y, de este modo, reemplaza en parte al de conciencia; abre la pregunta por las formas de reflexividad cuando estas conciernen a formas no verbales del lenguaje. Si se considera que la simbolización es una forma de representación que contiene una señal de que es efectivamente una representación y no una percepción, entonces la pregunta se convierte en la de “la simbolización de la simbolización”, y se escinde en simbolización de la simbolización “primaria” y simbolización de la simbolización “secundaria”. En cuanto a esta última, las formas son obvias y fácilmente accesibles, pues el lenguaje verbal está lleno de ejemplos: imagino, me represento, pienso, etc. En lo que respecta a las formas primarias de simbolización, la cuestión es más compleja. Históricamente, ha sido iluminada por el trabajo de Milner (1977), quien describe la función facilitadora de los objetos “medio maleables” en la formación de símbolos inconscientes de las (re)presentaciones de las cosas. De ello se deduce una necesaria función de “medio maleable” presente en el modo de comunicación, que confiere una “función simbólica” a los objetos primarios. III. C. Contribuciones italianas El psicoanalista italiano Eugenio Gaddini (1989), cuya obra se había ocupado principalmente del funcionamiento protomental presimbólico, consideró que desde el nacimiento existe un sentido mental inicialmente fragmentario del cuerpo, que se organiza gradualmente en el primer sentido del sí mismo. A partir de los seis meses, este sentido arcaico del sí mismo comienza a reflejarse a través de una imagen visual, constituyendo así la primera representación del cuerpo. Esta, siguiendo la fase del garabato, será expresada gráficamente por el niño como un círculo, “es decir, la primera expresión creativa del niño”. Esta imagen circular será dibujada por el niño hacia el final del segundo año de vida, cuando el sentido del sí mismo se vuelve consciente para el yo en desarrollo. El círculo está así vinculado a la idea winnicottiana del objeto transicional (Winnicott 1953), que no forma parte del sí mismo corporal, sino que ha sido “encontrado”, inventado por el niño antes de que exista un yo plenamente estructurado. El círculo es, por tanto, para Gaddini, “ante todo un símbolo”. Esta imagen circular se
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