Diccionario enciclopédico de psicoanálisis de la API

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irá expandiendo gradualmente hasta convertirse en una cabeza y, eventualmente, en la conocida figura de muñeco que representa simbólicamente a una persona. Giovanni Hautmann (1989, 1990, 2002) vincula la formación temprana del sí mismo con los comienzos de las capacidades simbólicas y el nacimiento de la capacidad de pensar. Subraya que la mente primitiva está gobernada por una matriz asimbólica, en la que prevalecen las estimulaciones sensoriales, las percepciones, las sensaciones y las emociones primitivas. El sí mismo emerge de esta matriz protomental y protosimbólica original, y oscila entre una condición asimbólica y “dispersa” y un impulso hacia la integración y la expresión simbólica. Siguiendo las teorías de Bion sobre el aparato protomental, Hautmann define la matriz asimbólica como “magma protomental”. Las oscilaciones de la mente primitiva pueden ser interceptadas, contenidas y comprendidas por la ensoñación ( reverie ) del analista y adquieren significado a través de su actividad interpretativa (ver la entrada SÍ MISMO [SELF]). Según Renata Gaddini (1977, 2004), los estudios longitudinales han demostrado que en el proceso de crecimiento el niño pasa de las sensaciones a las percepciones y los sentimientos, luego a los símbolos y, finalmente, a los pensamientos. El objeto transicional es el primer paso observable en la simbolización temprana, una base para el desarrollo del pensamiento de proceso secundario. A partir de estos estudios longitudinales, Gaddini ha podido demostrar cómo la calidad de la interacción madre-infante permite el desarrollo del sí mismo corporal. La actividad mental- simbólica surge de la experiencia corporal y ayuda al niño a dominar las ansiedades y los miedos ante la desintegración y su fantasía contribuye a salvarlo de la desintegración (ver la entrada SÍ MISMO [SELF]).

IV. OTROS DESARROLLOS CONTEMPORÁNEOS EN AMÉRICA DEL NORTE

IV. A. Los autores fundacionales y su influencia (décadas de 1930 a 1960) IV. Aa. Bertran Lewin (1933), sintetizó el trabajo de Ferenczi sobre el simbolismo con la medicina psicosomática de Franz Alexander y el concepto freudiano de yo corporal. Presentó material clínico que mostraba el simbolismo del cuerpo en ciertos tipos de psicopatología. Demostró cómo el cuerpo puede convertirse en una representación simbólica del falo y puede dar lugar, de este modo, a una psicopatología analizable. Más tarde, en el contexto de su teorización sobre la “pantalla del sueño” (del inglés, dream screen ) (1948), Lewin (1955) señaló que una sesión analítica completa podía ser simbólica de un sueño, y que las reacciones del analizado durante una sesión podían considerarse en términos de proceso primario. Además, bajo ciertas circunstancias, el simbolismo del proceso analítico podía entenderse en función de si el

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