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analista despierta simbólicamente al paciente a través de la interpretación o lo deja dormir simbólicamente mediante una postura no interpretativa.
IV. Ab. Lawrence Kubie (1953), al estudiar las distorsiones del proceso simbólico, propuso un espectro de simbolización en el que todos los símbolos eran simultáneamente representativos de: (1) abstracciones conscientes y pensamiento conceptual; (2) expresión alegórica preconsciente en metáforas; y (3) simbolismo inconsciente psicoanalítico. La propuesta de Kubie combina el simbolismo psicoanalítico con las nociones no analíticas del simbolismo y, en el proceso, oscurece potencialmente la naturaleza específica del simbolismo psicoanalítico (Blum 1978). En términos de formación de símbolos, Kubie (1953) veía el proceso simbólico como una ruptura entre el “yo” y el “no-yo”, entre los mundos interno y externo. IV. Ac. Felix Deutsch (1959) propuso una teoría de la formación de símbolos en la que los objetos perdidos son restaurados mediante la retroyección de nuevos objetos sensoriales –es decir, mediante la proyección de un aspecto del cuerpo sobre el objeto primitivamente diferenciado, que es luego reintrojectado en el yo corporal. Así, los objetos narcisistas y parciales perdidos quedan vinculados a la imagen corporal y al yo corporal, y son recreados y preservados en el inconsciente en asociación con percepciones, afectos e ideas reprimidos. Existe cierto grado de convergencia entre las perspectivas de Klein, Kubie y Deutsch respecto al papel del desplazamiento y la condensación, así como de la introyección y la proyección a través de los límites del yo en la formación de símbolos. IV. Ad. Charles Rycroft (1956), un “Independiente” británico cuya obra fue ampliamente leída, reconocida y desarrollada en América del Norte quizás incluso más que en Gran Bretaña en aquella época, propuso de manera similar que el simbolismo no era un proceso exclusivamente primario ni estaba exclusivamente al servicio del inconsciente, sino que se trataba de una tendencia general de la mente. El proceso primario y el secundario, así como la actividad mental consciente e inconsciente, se sitúan en un continuo, y el simbolismo serviría tanto a la fantasía inconsciente como a la imaginación enriquecedora de la realidad. Rycroft delineó las palabras como una clase especial de símbolos del proceso secundario que pueden ser tratadas como otros símbolos por el proceso primario en los sueños y en la esquizofrenia. IV. Ae. Según David Beres (1960, 1968, 1980), el psicoanálisis distingue entre el signo y el símbolo conscientes, siendo este último la representación de un contenido mental inconsciente mediante una representación sustitutiva. El primero apunta a la comunicación con demora de la descarga; el segundo logra la descarga inmediata
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