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Describió además la “presentación de cosa” como un tipo de representación simbólica en la que el afecto es representado en un modo perceptual. Evidentes en la forma de la fantasía, los sueños, el arte y la arquitectura, las presentaciones de cosas son entendidas como parte de la experiencia emocional humana que es representada simbólicamente. Joseph Fernando Fernando (2009) introdujo la idea del proceso cero como una manera de conceptualizar el funcionamiento mental postraumático y sugirió que podría situarse junto al proceso primario y al proceso secundario, los cuales, considerados en conjunto, constituirían las tres formas principales en que se organiza la mente. Dado que en muchas conceptualizaciones psicoanalíticas del simbolismo la diferenciación entre los símbolos del proceso primario y los del proceso secundario desempeña un papel importante (Blum 1978), la idea del proceso cero introduce la cuestión de la relación del funcionamiento postraumático con el proceso primario y con el simbolismo freudiano. Fernando (2012, 2018a, 2018b) señaló que durante el trauma las funciones yoicas tales como la integración y la simbolización quedan desactivadas. El funcionamiento postraumático, que Fernando designa como proceso cero, carece así de la simbolización normal no solo del proceso secundario sino también del proceso primario. En el proceso cero, los pequeños fragmentos de percepción y afecto que se entrelazan para formar nuestra experiencia normal del mundo y nuestros recuerdos habituales permanecen no sintetizados y no simbolizados. Si bien muchos han conceptualizado una forma de funcionamiento mental postraumático (por ejemplo, Bion 1962a), la teoría de Fernando sobre el proceso cero, al situarlo en igualdad de condiciones con el proceso primario y al diferenciar nítidamente el funcionamiento postraumático del proceso primario, facilitó la realización de comparaciones más precisas entre estas dos formas de funcionamiento mental, especialmente en lo que atañe a la simbolización. El proceso cero y el proceso primario, que con frecuencia han sido confundidos entre sí, difieren del funcionamiento habitual del proceso secundario de manera bastante marcada en varios aspectos. A modo de ejemplo, tanto el proceso cero como el proceso primario son atemporales, en el sentido de que no poseen el sentido del tiempo propio del proceso secundario. Sin embargo, lo son de maneras distintas: el proceso primario está fuera del tiempo, ya que sus deseos y fantasías no son desgastados por él ni ordenados según su transcurso; mientras que el proceso cero contiene fragmentos de percepción y sentimiento de un trauma congelados en el tiempo, ordenados en una secuencia, pero una que se repite indefinidamente. Comparaciones similares pueden establecerse en relación con el sentido de realidad, la percepción, el pensamiento y otras características (Fernando 2018b). En lo que respecta al simbolismo, tanto el proceso primario como el proceso cero carecen del simbolismo combinatorio de alto nivel basado en el lenguaje –propio del proceso secundario–, pero
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