Diccionario enciclopédico de psicoanálisis de la API

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la separación que le permiten realizar distinciones e integraciones de unidades simbólicas. De este modo, extiende las connotaciones que Chomsky ha asignado a las estructuras profundas heredadas hacia el concepto de la herencia de la tendencia hacia una instrumentalidad de la expresión onírica. Con referencia a Pribram, Grotstein postula que el simbolismo parece ser el requisito comunicativo de la organización del hemisferio derecho del cerebro, que funciona a partir de claves holísticas, de orientación espacial, contextuales, emocionales y visuales. Grotstein (1979) amplía la teoría de Bion al sostener que “los sueños pueden ser vistos como los continentes de un contenido en el que dicho contenido es una comunicación que está siendo constantemente revisada y redefinida por el continente – el símbolo–, que plantea demandas de audiencia cada vez más nuevas y variables sobre el contenido. La audiencia del sueño y el productor del sueño son, por tanto, tan solo aspectos diferentes de la misma unidad simbólica. Cuando la audiencia recibe el sueño del continente-productor, le señala al productor aceptación, modificación, censura, repetición, etc. Ambos están en contacto muy estrecho y se relacionan con el ‘yo’ como sujeto y el sí mismo como objeto.” (p. 128) Al teorizar que el concepto bioniano del proceso de alfabetización de la función alfa (Bion 1970) es congruente con el concepto freudiano del trabajo del sueño, tal como se delinea en el Capítulo 7 de La interpretación de los sueños (Freud 1900), Grotstein deduce además su hipótesis de la enfermedad psicótica como una enfermedad principalmente de los procesos simbólicos. Según esta hipótesis, la capacidad de estar psíquicamente sano depende de la habilidad de desensamblar las Gestalten del mundo exterior, reensamblarlas en el mundo interior y poder almacenarlas como imágenes en la forma en que se presentan. En este contexto, la psicosis se caracteriza por la incapacidad de ensamblar estas Gestalten de manera que se asemejen a sus contrapartes externas, de modo que las imágenes en la pantalla interna quedan desensambladas, desarticuladas, des- simbolizadas y en un desorden caótico. El problema fundamental de la psicosis es entonces que las imágenes no pueden tener lugar de manera coherente y, en consecuencia, el pensamiento no puede construirse sobre estas imágenes incoherentes. El problema primario de la esquizofrenia es así el des-simbolismo, siendo el trastorno del pensamiento su consecuencia y no a la inversa; por ejemplo, los esquizofrénicos “no pueden pintar imágenes internas sobre su pantalla interna” (1979, p. 139). Thomas Ogden (1989) ha producido otra elaboración original de la integración de las contribuciones de Klein y Bion (PS ↔ D). Amplía, además, el trabajo de Bick, Meltzer y Francis Tustin al reconocer un modo primitivo, presimbólico y dominado por lo sensorial, al que denomina posición o modo autístico-contiguo : “La posición autista-contigua es un funcionamiento pre-simbólico de generar experiencia, dominado por lo sensorial, que delimita buena parte de la

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