Diccionario enciclopédico de psicoanálisis de la API

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mente. Este logro psíquico se vuelve posible gracias a –y a su vez contribuye a– la capacidad de pensamiento simbólico, de sostener la ambigüedad, y de la creatividad. Aron se sirve de la noción de Melanie Klein (1929) de la figura parental combinada y del concepto clásico de la escena primaria como metáforas que iluminan la capacidad de sostener dos ideas opuestas en la mente al mismo tiempo, sin fusionarlas ni separarlas, en el contexto de la subjetividad e intersubjetividad emergentes. Si bien la figura parental combinada comienza como una ecuación simbólica (Segal 1957), que funciona en el modo esquizoparanoide, con la elaboración de la posición depresiva se produce una diferenciación de los elementos que componen dicha figura. Los padres emergen entonces como personas íntegras e independientes y pueden ser apreciados como centros separados de subjetividad (Aron 1995, pp. 211-212). Valiéndose del “tercero” de Ogden y del “objeto transicional” de Winnicott en el contexto relacional intersubjetivo, Jill Gentile (2001, 2008) desarrolla su visión sobre la emergencia de la subjetividad humana, la intersubjetividad, la agencia y el “sujeto transicional” en relación con la simbolización. Sostiene que, si bien el psicoanálisis ha tendido a poner el acento en el papel del padre, desde una perspectiva orientada por la agencia emergente del niño (o del paciente), el rasgo más notable del Edipo es que una tercera persona llega a existir como sujeto sexual. Al describir el proceso por el cual el paciente llega a constituirse como un “sujeto simbólico transicional” que vive una “vida simbólica”, afirma: “El sujeto transicional ancla sus deseos en un ámbito que va más allá de lo estrictamente psíquico y que no pertenece a lo estrictamente material, creando un legado o impronta personal generada en el umbral entre la creación subjetiva y la vida material, a la vez profundamente personal y culturalmente simbólica” (Gentile 2008, pp. 972-973). IV. J. La formación del símbolo en las perspectivas del desarrollo (autores norteamericanos e internacionales influyentes en América del Norte) Jean Piaget (1951) formuló indicadores del desarrollo y una descripción de la evolución de las capacidades cognitivas implicadas en los procesos simbólicos (“juego simbólico”). Para Piaget, el símbolo es un intento de asimilar esquemas afectivos y no es indicativo de represión ni de la existencia de una instancia censora: Piaget concebía el campo del inconsciente como más abarcador que lo que puede explicarse por la represión y lo susceptible de ser censurado. Piaget no veía la necesidad de distinguir entre símbolos conscientes e inconscientes, y propuso que el pensamiento simbólico formaba un todo. Su distinción principal respecto a la formación de símbolos es entre símbolos primarios y secundarios . A través de los símbolos primarios, el niño comprende el significado del símbolo y puede expresarlo con facilidad en un juego simbólico de

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