Diccionario enciclopédico de psicoanálisis de la API

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simulación. El niño es consciente, en cierta medida, de que sustituye un objeto por otro, de modo que un bloque representa un camión o un trozo de arcilla es manipulado como si fuera comida. El simbolismo secundario es utilizado por Piaget para describir situaciones en las que el niño no es consciente de la conexión entre el símbolo y el objeto. Sin embargo, Piaget considera relativa la distinción entre ambas formas simbólicas, ya que todo símbolo es a la vez consciente e inconsciente, según la perspectiva adoptada y el grado de conciencia de la persona. En este sentido, el inconsciente no es para Piaget una región separada de la mente: existe un inconsciente intelectual y uno afectivo, y la diferencia entre ambos es una cuestión de grado. Según él, el pensamiento simbólico es prelógico y constituye la expresión primitiva de la asimilación de esquemas afectivos. El pensamiento simbólico inconsciente es característico de todo pensamiento, lo cual resulta más evidente en el juego o los sueños de los niños. Tanto los símbolos “oníricos” como los “lúdicos” existen en un continuo consciente-inconsciente, pues ambos son intentos de asimilación de esquemas afectivos. Los símbolos oníricos surgen durante el sueño; los símbolos lúdicos remiten a la actividad simbólica durante el juego. Piaget subraya que el continuo entre símbolos oníricos y lúdicos se fundamenta en que la base de ambos es la capacidad de formar imágenes y de imitar. Estos símbolos mentales en sueños y juegos implican la manipulación de numerosas imágenes que se transforman a medida que el juego o el sueño avanza. Esta transformación de los símbolos en sueños y juegos sugiere lo siguiente para Piaget: el símbolo significa, es personal y se parece a aquello que representa. Los símbolos lúdicos y oníricos son, entonces, procesos simbólicos internalizados que permiten al niño significar y crear sentido de manera singular. Cuando un niño relata una historia, está utilizando una vía simbólica para comunicar sus miedos y fantasías al terapeuta. La comunicación del niño en este modo refleja su capacidad de usar los símbolos como significantes de conflictos, necesidades y deseos, permitiéndole así cierta distancia respecto del conflicto. Piaget infiere que, para haber alcanzado este nivel de comunicación simbólica, el niño ha asimilado esquemas sensoriomotores –como la imitación– y que el lenguaje y la fantasía han reemplazado a la actividad motora como modo primario de comunicar y crear sentido para el niño. El espacio potencial y la transicionalidad de Donald W. Winnicott (1953, 1967) son relevantes tanto para la formación de símbolos en el desarrollo como en el análisis. Winnicott (1967), al explorar la relación entre los fenómenos transicionales y el desarrollo cultural, concibió el objeto transicional como una creación que también marca la aparición del proceso simbólico. La primera posesión “no-yo” es también el primer uso del infante de un “símbolo”, en el momento en que la continuidad infante- madre se está convirtiendo en una contigüidad diádica. La formación de este símbolo tendría lugar durante la diferenciación, la subfase de separación-individuación en la que muchos infantes manifiestan efectivamente apegos a objetos transicionales. Las formulaciones de Winnicott situarían la formación de símbolos en la segunda mitad del primer año de vida. El momento de aparición del primer objeto transicional coincidiría

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