Diccionario enciclopédico de psicoanálisis de la API

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con la fase de diferenciación y sería generalmente consistente con el momento del fenómeno de Isakower y sus fenómenos protosimbólicos o presimbólicos relacionados. René Spitz (1957) postuló el gesto semántico de negar con la cabeza –el “no”– como el primer símbolo abstracto, alcanzado habitualmente a los 15 meses de edad. El gesto de negación facilita la separación y la auto-objetivación, así como la adquisición paralela de la comunicación verbal semántica. El logro de la negación simbólica marcaba la aparición del “tercer organizador de la psique” de Spitz, precursor del juicio yoico y de la prohibición superyoica. La ontogénesis de la negación está arraigada en la identificación imitativa, que se desarrolla hasta convertirse en una identificación duradera y selectiva con el agresor. El “no” es un logro del desarrollo de gran importancia, pero, según algunos autores (Blum 1978), puede no ser el primer símbolo semántico abstracto. Charlotte Balkányi (1961, 1964, 1968) vincula la simbolización al lenguaje, la verbalización y el desarrollo de las reglas. En este caso, los símbolos psicoanalíticos, según la definición de Blum que se presenta más adelante, tienen raíces perceptuales y sensoriales y siempre remiten al yo corporal, a los fines instintivos infantiles y sus objetos, a las zonas erógenas y sus funciones. Ernest Jones, citado anteriormente, aborda el carácter encubierto del símbolo psicoanalítico, basado en la represión. En su concepción, aquello que no necesita ser reprimido no se simboliza. Al conectar la vinculación arcaica de los símbolos con las funciones corporales y el lugar de la “de- represión” en su comprensión del simbolismo, Balkányi examina los orígenes del lenguaje y la verbalización a partir de su análisis de la palabrota en los niños y del psicoanálisis de la palabrota en los tartamudos, para llegar a las siguientes observaciones: “Respeto las palabrotas como el arqueólogo respeta los fósiles. Llevan el mensaje de una gran batalla librada no solo hace unos trescientos años, sino también en la vida individual de cada uno de nosotros. Son las únicas palabras que, al ser pronunciadas, nos hacen sentir el efecto de la represión” (1968, p. 717). Cuando reflexiona sobre el efecto de la represión, escribe: “Cuando la palabrota produce vergüenza, es la lucha en torno al entrenamiento de esfínteres la que se reactiva. Cuando la reacción es la risa, eso indica que el significado simbólico original del lenguaje ha reaparecido momentáneamente. Reímos de alegría; es como si nuestro tiempo pregenital hubiera regresado a nosotros de visita por un breve instante. En la fase anal, antes del entrenamiento de esfínteres, la verbalización era un juego simbolizante…” (1968, p. 717). De ello se desprende que, tras la fase anal, la ordenación de la realidad transcurre a través de los símbolos . Paul Pruyser (1968) profundiza en cómo los seres humanos ordenan la realidad a través de los símbolos de la siguiente manera: “el simbolismo no organiza

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