Diccionario enciclopédico de psicoanálisis de la API

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el conjunto perceptual mediante una reducción intelectual. Retiene las impresiones perceptuales de un modo especialmente rico y glorioso, permitiendo que cada cosa sea ella misma y a la vez una insinuación de algo más que trasciende el registro perceptual” (1968, p. 101). Por el contrario, la incapacidad de dejar que una cosa sea ella misma y no ella misma, que conduce a una suerte de entretejido de un conjunto desordenado de objetos, se manifiesta en el sincretismo. Así, “en la organización sincretista del pensamiento”, escribe Pruyser, “las diferencias esenciales se pasan por alto en favor de una unidad laxa o muy forzada” (ibid., p. 97). Esta es la unidad extremadamente forzada que se encuentra en la descripción de Hannah Segal de la “ecuación simbólica” (1957): la fusión del símbolo y el referente, como en el caso del músico que colapsa y condensa el no practicar el violín con la prohibición que ese mismo paciente regresivo asocia a la masturbación. En 1983, Pruyser articuló la noción freudiana de ilusión (1927) con la teoría de Winnicott sobre los “objetos transicionales y los fenómenos transicionales” (1953), para crear su teoría del “juego de la imaginación”. Aquí existe, por un lado, un mundo autístico y, por otro, un mundo realista. Entre el mundo autístico y el mundo realista se encuentra un tercer mundo ilusionístico. Entre el mundo autístico de los síntomas y el mundo realista de los signos e índices, los símbolos se sitúan en ese tercer mundo ilusionístico. Para Charles Sarnoff (1970, 1976, 2002-2003), en el juego simbólico el infante debe ser capaz de percibir similitudes sobre la base de indicios superficiales que pueden dar lugar al establecimiento de vínculos mentales; el desplazamiento ocurre a lo largo de los vínculos formados por la percepción de similitudes; cierta capacidad de demora es necesaria para la aceptación de la gratificación simbólica, y la motivación para el desplazamiento puede ser el alivio de la urgencia pulsional o la protección del sí mismo- objeto frente a los impulsos agresivos. Desde el punto de vista del desarrollo, existe una progresión desde los símbolos metafóricos hasta los verdaderos símbolos psicoanalíticos. Sarnoff sostiene que las metáforas se expresan a través de vías fijas que permiten la expresión desplazada de las pulsiones. Estas vías, o “vínculos simbólicos”, ocurren durante la misma fase del desarrollo que el juego simbólico de Piaget (de los 15 a los 24 meses) y pueden considerarse el análogo psicoanalítico del juego simbólico. Los verdaderos símbolos psicoanalíticos surgen de la represión y son modificados por ella; por tanto, son representaciones más complejas y sofisticadas, mientras que los símbolos metafóricos tienen un significado más inmediato y primitivo desde el punto de vista del desarrollo, al estar directamente conectados con aquello que representan. Por otro lado, la persona que utiliza símbolos psicoanalíticos ha adquirido una distancia respecto de los conflictos. La latencia es el período durante el cual tal distancia se convierte en una posibilidad. Durante la latencia se producen cambios de gran alcance en el funcionamiento del yo, y estos cambios se agrupan en torno a la capacidad creciente del niño en

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