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desarrollo para utilizar mejor los símbolos. Sarnoff sugiere que la fantasía se convierte en el vehículo a través del cual se produce este cambio: el niño conquista el dominio a través de la fantasía . Gerard Donnellan (1980) también sostiene que una descripción adecuada de los cambios del período de latencia debe dar cuenta de la ampliada capacidad del niño para utilizar los símbolos de manera singular, es decir, para expresar deseos e impulsos de forma menos directa e inhibida en cuanto a la meta. Estos logros reflejan cambios estructurales que se manifiestan en un mejor control de los impulsos –un creciente interés en el dominio cognitivo y en el uso del lenguaje, en lugar de la acción, para la expresión de los deseos. Clínicamente, este pensamiento resulta útil en la medida en que la reestructuración del yo de la latencia puede fomentarse mediante el uso de símbolos psicoanalíticos en la fantasía. Al estudiar la formación de símbolos desde el punto de vista evolutivo- dinámico, Harold Blum (1978) revisa escritos teóricos, así como estudios de observación infantil de Piaget, Spitz, Mahler y Winnicott, y plantea la hipótesis de que el simbolismo psicoanalítico requiere un desarrollo rudimentario del yo y que probablemente no aparece hasta después de la fase de diferenciación del sí mismo- objeto, al comienzo del segundo año de vida. El simbolismo psicoanalítico equipara elementos del yo corporal con los del mundo objetal. En el primer año de vida, durante la fase predominantemente oral, el infante aún no ha desarrollado plenamente el yo corporal (Fliess 1973, p. 23), ni cuenta con las funciones yoicas rudimentarias ni con la represión necesarias para que emerja un proceso simbólico propiamente dicho. Blum señala que “[L]as hipótesis sobre la formación de símbolos implican observaciones y reconstrucciones preverbales y protoverbales con supuestos y conjeturas inevitables. Los estudios del simbolismo relacionados con la diferenciación incompleta entre el sí mismo-objeto y el conflicto oral (por ejemplo, pecho, dientes, lengua, etc.) apuntan a la probable aparición del simbolismo ‘inconsciente’ después del objeto transicional [Winnicott 1967] y antes del ‘no’ semántico y abstracto [Spitz 1957]. Los primeros símbolos derivados inconscientemente se diferenciarían entonces de un complejo protosimbólico al comienzo del segundo año, más o menos coincidiendo con el desarrollo de una representación más segura y estable del objeto primario y la subfase de ejercitación de la separación-individuación. Es un momento de comunicación en expansión y juego exploratorio, de autoconsuelo cada vez más sugestivo de roles simbólicos, de manipulaciones mentales más complejas con agentes y acciones, objetos y propiedades duraderos y diferenciados. Los límites corporales y la imagen corporal están experimentando una rápida esquematización. La aparición definitiva de los procesos simbólicos puede atribuirse al principio del segundo año de vida, con símbolos semánticos y evidencia cada vez más clara del simbolismo psicoanalítico a medida que avanza el desarrollo” (Blum 1978, p. 466).
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