Diccionario enciclopédico de psicoanálisis de la API

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Más recientemente, Blum (2010, 2017) sostiene que los avances provenientes de la investigación con infantes y las neurociencias del desarrollo (Ammaniti, Tambelli y Odorisio 2013; Ammaniti y Gallese 2014) que rastrean las etapas más tempranas del desarrollo, incluyendo los movimientos fetales prenatales y los esquemas corporales tempranos, podrían apuntar a una disposición protosimbólica rudimentaria de pautas primarias de vínculos aliviadores de tensión entre mano-boca y piel, mucho antes de que esté disponible la capacidad evolutiva para la simbolización inconsciente y comunicativa. De manera similar, durante el “mundo pre-objetal”, la sincronización temprana (es decir, los latidos cardíacos y los movimientos fetales en respuesta al sonido del canto o la voz tranquilizadora de la madre) se desarrolla en señales que pueden ser registradas y proporcionar alivio en el malestar (el bebé que responde al sonido de los pasos de la madre incluso antes de que esta aparezca). Se ha comprobado que los marcadores psicosomáticos y fisiológicos de la presión arterial y la frecuencia cardíaca reflejan la sincronización y el registro temprano de la disposición afectiva de la madre, así como la regulación afectiva y sensoriomotora global dentro de la órbita madre-infante. En la díada infante-madre, ambos participantes se alimentan y regulan emocionalmente entre sí, en un intercambio presimbólico de contenidos corporales y emocionales que evoluciona posteriormente hacia pautas de comunicación emocional- cognitiva matizada. Desde el punto de vista de la formación de símbolos, todos estos fenómenos pueden reflejar una capacidad arcaica y rudimentaria de señalización que, en el transcurso del desarrollo, allana el camino y se transforma en la capacidad de formación de símbolos (tanto inconsciente como comunicativa). IV. K. Análisis infantil: procesos de pensamiento en el juego simbólico Phyllis Greenacre (1969, 1970) profundiza en el objeto transicional winnicottiano (1953) que, con su potencialidad para asumir muchas formas y configuraciones distintas tanto en la realidad como en las cambiantes percepciones del mundo exterior del infante, considera que se presta a la representación simbólica. Esto cobra especial importancia cuando, en el desarrollo preedípico de los dos primeros años de vida, el habla está todavía en proceso de formación. Extiende además su teorización sobre el objeto transicional en relación con la ilusión, el simbolismo y la creatividad en general. Escribe sobre la extrema complejidad de la perceptividad y las cambiantes respuestas sensoriomotoras, que ocurren principalmente en los dos primeros años de vida, dando lugar a múltiples ilusiones en el camino hacia la estabilización de la apreciación objetal. Tales posibilidades casi infinitas de diferentes combinaciones de los elementos perceptivos, bajo condiciones internas y ambientales favorables, acogen matices, gradaciones y ambigüedades que constituyen la fuente del pensamiento simbólico. Eleanor Galenson (Galenson y Roiphe 1971; Galenson 1986) explora algunos aspectos de los procesos de pensamiento subyacentes tanto en los componentes verbales como no verbales del juego, y propone dos líneas del desarrollo alternativas:

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